15 diciembre 2014

22 años y millones de sueños

Mi nombre es Roberto, tengo 22 años y millones de sueños en el bolsillo.
Si me preguntas ahora mismo qué quisiera hacer de mi vida, no podría dejar de esbozar una sonrisa mientras te lo cuento, porque también estaría recreándolo en mi pequeña cabeza loca y siempre fui un tipo con buena imaginación. Y con ganas.

Me gustaría vivir en un departamento. Grande, con una cocina simple, un par de cuartos, un baño y que el resto sea espacio libre. Poder tener guitarras, teclados, amplificadores, la computadora para trabajar, un mueble para mis libros, otro para mis discos, paredes blancas para pintar. Que sea un ambiente iluminado, lindo, agradable.
Me gustaría vivir de las cosas que sé hacer con cierto talento. Me gustaría vivir haciendo discos, escribiendo, mezclando; estar de concierto en concierto, agradecer a todos los que vinieron esta noche, grabar mis canciones como yo las quiero hacer, escribir un poemario y presentarlo en las ferias, o una novela, o un libro de relatos, o artículos en algún diario o alguna revista, trabajar en audio, restaurando los antiguos y vistiendo los nuevos. Cuando me canse, hacer fotos, o videos. Luego retomar.
Me gustaría estar todo el tiempo escuchando música, leyendo. Tener una familia, hijos, salir al parque, montar bicicleta, jugar con ellos, aprender con ellos, mandarlos al colegio, hacerles la lonchera. Vivir.
Quiero ser un artista. En todo el sentido que la palabra abraza. Ser un artista de la vida, mirar hacia adelante, esforzarme, enfrentarme al diablo, a mis demonios, jugarme el pellejo por lo que deseo con todo el corazón, hacer de mi lugar en el mundo un espacio para ser feliz, formar un hogar, darle importancia a las cosas que realmente lo merecen, vivir del amor por el amor para el amor, amar a mi mujer, a mis hijos, mi vida. Ser un artista de la libertad, del pensamiento, de la risa y de la amistad, de la bondad. Un artista de la felicidad, de la sinceridad, del miedo y de las ganas, de volverse loco y cuerdo al mismo tiempo.
Quiero mirarme al espejo y ver a un tipo feliz, contento por quien es, por quien fue, orgulloso de sus pequeños logros, ansioso por los que llegan, soñador, impetuoso, exaltado.
Quiero con todo mi corazón poder despertarme cada mañana y hacer de la rabia una idea, una manera de andar por la vida encarando, siendo fuerte, arriesgando, luchando. Siempre fue así, y quiero que lo siga siendo.
Y morir, morir feliz, satisfecho.


Mi papá, sinceramente preocupado por mí, dice que me aventuro mucho con sólo pensar en esto.
Mi papá es buena gente y es un capo, pero ya no tiene algo que yo sí: ganas, y ánimo. Él también los tuvo, por supuesto, y supongo que cuando me dice aquello es porque él también soñó y se estrelló contra el mundo. Pero la historia no tiene por qué repetirse. Y si se repite porque el destino, Dios o quien sea, así lo quiere, pues disfrutaré el gozo, el dolor, la sangre y el hueso de hacer el intento, de no dejarme vencer nunca. Tengo miedo, por supuesto, pero el miedo no es más grande que el amor, y yo amo todo, amo vivir, pese a la vida. Porque además de las aspiraciones y los sueños que me roban la madrugada, soy un luchador. Siempre lo fui, y lo soy más cuando la llama que enciende mi corazón es esa misma que ilumina mi noche, cada noche, y me hace soñar.


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“Ojos de afuera” fue un momento muy lindo y muy revelador.
El que viene lo será aún más y me encontrará mejor, más fino, más irresponsable y más dueño de mí, con las consecuencias que eso pueda traer.
Gracias.

08 diciembre 2014

Mar / Mi amor por ti

Ya había olvidado el olor de la sal.
Pero hoy se apareció cuando llegué al malecón
y aquel recuerdo se hizo uno con el aire
bailando entre mis huesos
la triste canción de la soledad,
del verano sin el mar,
de las vacaciones sin conocerte.


Aquel inicio del año doce
fue muy especial para mí,
como seguro lo fue para ti.
Aprendimos del amor, de la vida,
de la complicidad,
de la familia y del corazón.
Fuimos felices entre los caracoles,
la arena y la humedad
de la costa que caminábamos descalzos;
contábamos las gaviotas agiles
que tentaban con su pico
el alimento del día.
Respiramos el dolor y el amor con la misma intensidad,
y con el mismo cariño lo hicimos piel,
miradas,
sueños.

Hoy sólo tengo miedo
del viaje que emprendiste,
sola en tu barco en altamar,
las tormentas, las mareas;
me queda un cajón con los detalles de tu estadía,
el roce de tus labios sobre los míos en el tintero,
una promesa, mil cartas de amor
y la esperanza intacta,
leve pero poderosa como un sol,
de ver a tu barco anclar en la orilla,
que sueltes tu pelo
y como una brisa fresca
devuelvas el color a esta playa,
donde un fiel hombre de mar
te recuerda con cada atardecer.


Ya había olvidado el olor de la sal.
Pero nunca me olvido de ti.




Mi amor por ti va más allá de las formas del amor. No conoce del tiempo ni de la distancia ni mide sus palabras ni se detiene ante el dolor. Es un amor transparente, urgente, leal, abierto y eterno. Lo puedes tocar si cierras los ojos y piensas en la felicidad. Lo puedes oír como un ritmo constante a un lado de mi pecho. Lo puedes sentir si posas tus labios sobre los míos y te dejas llevar.

Mi amor por ti es el amor más grande del mundo. Se ríe de las verdades absolutas, de los prejuicios, de los temores. Es más fuerte que ellos, despliega sus alas y sólo contiene para sí lo que realmente importa. Sabe de cariños, de amistad, de compañerismo. Piensa en el futuro con calma, pero también con ilusión.

Mi amor por ti es sincero hasta los huesos. Y también se cae, sufre por los golpes, la vida le pega duro. Pero es valiente, terco, no se deja vencer. Aun en la tristeza, sabe lo que vale, sabe lo que quiere, y lucha por ello, no se amilana. Es infantil, adolescente, maduro; es mil cosas a la vez. Pero es, sobre todo, tuyo.

Mi amor por ti es único. Es apasionado, loco, aventurero, tierno. Clava sus ojos en los tuyos e intenta descifrar cada segundo de silencio que se interpone entre nosotros. Está desnudo, sentado al borde de la cama, mirando por la ventana el atardecer del verano. Está quieto, como esperando.

Ya no sé cómo decirte que mato y muero por ti.

01 diciembre 2014

te amo

te amo te odio me encantas te dedico todas las canciones de amor que existen tengo esperanza tengo miedo tengo rabia tengo amor tengo toda una vida para regalarte tengo la disposición de empezar todo de nuevo si es necesario tengo tu recuerdo clavado en el corazón todas las noches te pienso le pido a dios si es que existe que te ayude a estar tranquila me hiciste daño yo también me equivoqué pero creo que nada es más fuerte que el amor creo firmemente en eso es mi forma de vida recuerdo absolutamente todo nuestras tardes en el centro en magdalena en jesús maría en césar alberto nuestro quedar mirándonos a los ojos echados en tu cama y decirnos todo con la mirada hacernos el amor estar en tu casa y sentirme parte de una familia tu perro tu cuerpo tus dibujos tu manera de ser tu risa tu nariz tu sexo tu ropa he sido testigo de tu esfuerzo de tus marcas de tus ganas de sobresalir creo que todo siempre puede estar mejor que depende de nosotros creo que eres el amor de mi vida y que soy el amor de tu vida que todo esto va a pasar y que nos servirá para aprender creo que nos merecemos que tú me mereces a mí que yo te merezco a ti que somos los compañeros ideales porque creemos en lo mismo porque creemos que nuestro talento nos hará volar alto porque nos soñamos siendo reconocidos viviendo de nuestro arte cantando escribiendo dibujando hemos pasado los mejores momentos de nuestras vidas juntos te he dado lo mejor de mí y tú me has dado lo mejor de ti eres lo más importante que me pasó en la vida te amo incondicionalmente porque el amor es más grande y más fuerte que todo porque los libros no tienen razón los psicólogos tampoco porque no hay verdades absolutas porque este corazón es mi única verdad porque tengo un horizonte que tiene tu nombre porque te llamo en las tardes que salgo a caminar y no pienso en nada más que en ti y te lloro como un niño perdido porque te veo en cada cosa que se me aparece porque vives en mí te amo porque eres una buena persona porque eres noble inteligente porque crees en tus sueños te amo porque somos la felicidad caminando aprendiendo tentando intentando buscando la libertad te amo siempre

24 noviembre 2014

Don Alcides

Sábado 18 de octubre del 2014,  mediodía.
Magdalena del Mar, Lima.

Don Alcides (67) se sentó en una banca de la Plaza Central que era ocupada por una agraciada señorita. Tras dejar a un costado la bolsa con los abarrotes que había comprado en el mercado, procedió a desatar los pasadores de su zapato para, inmediatamente, volver a atarlos. Con este gesto como excusa y luego de aclarar su voz con un ligero carraspeo, se dirigió a la supuesta agraviada: “señorita, ¿qué hora tiene?”. La señorita no vaciló en deformar su rostro tras suponer que los ojos de Don Alcides se detenían fijamente a sus voluptuosos pechos. Gritó, corrió, y a su alrededor se formó un inmenso coro de señoras y jovenzuelos que se debatían entre la arenga matonesca contra el viejo mañoso y la salivación por las tetas de la muchacha antes mencionada.
El personal de Serenazgo del distrito se acercó adonde el incidente se desarrollaba. Don Alcides seguía sentado en la banca sin entender absolutamente nada, como siempre, y se dejó guiar por los brazos de un sereno que lo llevaba hacia la camioneta del personal. Otros dos compañeros (un hombre y una mujer) se quedaron hablando con la muchacha, prometiéndoles mayor atención en la Plaza, que no se preocupe y “disculpe las molestias”.

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“Don Alcides, ya le pedimos que por favor no salga de su casa, no le hace bien, la gente es muy mala afuera. Nosotros sabemos que usted necesita ir a comprar sus cosas del mercado, ir a la misa, todo eso, pero ya le dijimos que a nosotros nos puede llamar cuando quiera para ayudarlo. Por favor Don Alcides, no salga así a la calle, ya ve lo que pasa. ¿Cuándo tiene su siguiente cita? Ya tiene que hacerse ver esos ojos, ¿está bien? ¿Cuándo se golpeó la cadera por última vez, se acuerda? Bueno, acuérdese que le han prometido la operación a los ojos, no pierda la esperanza. Llámenos por favor, para lo que necesite, ¿bien?”

17 noviembre 2014

El mundo está lleno de héroes

Lo dice “Desiderata”, sí, pero en algún momento se hace tan evidente que no hace falta que se diga, que sólo se trata de verlo, admirarlo y reconocerlo.

Veía un reportaje acerca de gente que vive en un cerro, en casas de esteras, sin servicios públicos básicos (electricidad, agua potable), en medio de la pobreza, del frío, y confinados por un muro que la divide de la gente del otro lado del cerro, donde abundan las piscinas, los autos de lujo y la ostentación.
El reportaje fue hecho en agosto, invierno por aquí.
Los chicos debían salir de casa a las 6:30 am para poder llegar al colegio, debían bajar el cerro tentando el camino pues la lluvia invernal lo había convertido en una resbaladera de lodo; los niños, muertos de frío, responden inocentes las preguntas como dagas de la reportera, sólo tienen una camisa y una chompa, porque la ropa no seca, ayer llovió.
Una señora llevaba en brazos a su bebé de 5 meses a la posta porque tenía una tos de días sin sanar; el bebé estaba envuelto en mil abrigos, aferrado al pecho de su madre, intentando sobrevivir. La señora vive en el cerro, de forma austera, y debe bajarlo por completo para llegar a la posta. Ayer llovió, hay que ir con cuidado.
Otra señora cocina a leña las alverjas que sus hijos almorzarán luego del colegio. Cerca al mediodía, debe bajar el cerro con tres galones vacíos que un camión cisterna llenará con agua (no sin antes pedir a cambio un dinero) y cargándose uno en la espalda y con los otros dos en cada mano, emprender el camino de regreso, allá arriba, donde la espera la vida. La señora cuenta que vino de Arequipa hace algunos años, que allí tenía una chacra y una casita donde sí habían servicios básicos y podía vivir con más tranquilidad. La reportera le pregunta si no quisiera regresar y ella le contesta “sí, pero si vinimos a Lima fue por la educación de mis hijos”.

Se me escapan algunas lágrimas cuando la escucho, se me revienta el pecho de orgullo, estúpido e inútil orgullo. La mujer más fuerte que conocí hasta hoy sufre la injusticia de la vida, de Dios, de la sociedad, del mundo, de lo que mierda sea que dirija los destinos. La mujer más fuerte que conocí hasta hoy mendiga comida en los restaurantes y no recibe asiento en el bus pese a su edad. La mujer más fuerte que conocí hasta hoy seguirá siendo más fuerte y la sociedad seguirá siendo más estúpida pero el camino que le está haciendo a sus hijos es de un amor impresionante, sin límites ni condicionantes; esos chicos serán los novios de mis hijas y los próximos ciudadanos del país, y tendrán el fuego en la sangre.

El mundo está lleno de héroes.