¿Quién se atreve a juzgar al perdido?
¿Quién enfunda su espada en nombre del honor?
¿Quién dará de beber al discapacitado?
¿Quién se sentará en la mesa de su hermano
y comerá del mismo plato las miserias
y los recuerdos de la soledad?
¿Quién se permitirá el deseo absoluto
de salir desnudo a la calle
sin temer la mirada de sus iguales?
Dime,
¿quién regará las flores en plena decadencia
y quién verá en ellas
aún a su propia vida,
su caos, su destino y su belleza;
los días que se pierden tras la careta
de lo que decimos ser,
que dejan de ser lo que realmente somos?
02 junio 2014
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