Creo que todo siempre va a estar mejor, que mañana es mejor.
Creo en el destino, sí, pero también creo en el poder de cada uno, en esa llama interior que crece en nosotros como una flor y se expresa al fin.
Creo en las revoluciones de amor, esas que empiezan desde los corazones y las furias de la gente indignada, cansada o en busca de un futuro mejor.
“Yo creo y con eso basta” (Fito Páez).
Creo en la fe no como el enceguecimiento* de masas y la estupidización* y la manipulabilidad* sino como una forma invisible de confiar y de entregarse a un deseo o una necesidad sin pensar en más, la esperanza, y eso es invaluable.
Creo en la magia: aquella conductora de radio que le cuenta a sus oyentes que va a estar Papá Noel en la cabina y llaman muchos niños y le hablan y le piden regalos y son inocentes y felices, hablaron con Papá Noel.
Creo que una forma de sobrevivir es no perder la capacidad de asombrarse de las cosas, de las enormes y de las mínimas y a veces no visibles, no perder esa luz en el alma que se enciende cada vez que algo nuevo nos encanta.
Creo en Dios como un ente superior que está más allá de todo, que nos fortalece o nos deprime, difícil de entender, inexplicable... tal vez tenga forma de árbol, o tal vez sea una mujer, o un perro, no importa.
Creo también en el azar y en lo desconocido, en la aventura, en el riesgo de correr, en el riesgo de caer, en el riesgo de perder, en el riesgo de ganar.
Creo en los locos y en su felicidad aparente incomprendida y siempre injustamente burlada, creo que la locura es otra forma de sobrevivir al mundo.
Creo que la sinceridad y la humildad son pilares fundamentales de cualquier persona y que quien los ignore, no estará enteramente listo para afrontar la vida.
Creo en la necesidad de sólo mirar atrás para reconocer cuánto se ha avanzado y cómo ha sido el camino elegido, si convino o no, y seguir adelante y olvidar.
Creo en el arte y la cultura como ayudantes indispensables para una sociedad mejor y sin violencia y sin odios y sin rencores y todas esas cosas que nos hacen daño y nos hacen perder el tiempo.
Creo, con gran convicción, que es necesario y lo correcto educar a nuestros hijos en base a decencia, respeto, amor, perspectiva y apertura para que puedan vivir con una tranquilidad esencial y logren ese cometido tan simple y tan vital que anhelamos todos en la vida: ser felices.
Creo en la libertad.
Creo en la inquietud y en la duda permanente como el más efectivo potenciador de la creatividad y la búsqueda de nuevos lenguajes y la solidez de los mensajes honestos.
Creo que no hay verdades absolutas.
Creo que existe, aún, gente de buen corazón capaz de regalarnos unos minutos para ayudarnos con su compañía o con su dinero o con su sonrisa al pasar por la calle, y que eso -esos instantes- son más relevadores que cualquier verdad de diario político.
Creo en el amor como el salvavidas perfecto ante las caídas y las mareas que se nos puedan presentar, y el amor no es sólo besar a tu chica: es también el gato que se lame las heridas y también la señora que prepara un almuerzo para cien chicos y también la dedicación de los artistas.
Creo que los sueños son una dulce manera de perseverar y no morir en el intento, la ilusión de llegar a un lugar mejor y sentirse cada vez más realizado.
Por todo esto, yo creo en mí.
*Aunque según el DRAE no existen estas palabras,
expresan exactamente lo que quiero decir.
----------------------------------------------
Felices fiestas para todos,
nos vemos el próximo año, si los estudios me lo permiten.
Hasta pronto.
19 diciembre 2011
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario