03 febrero 2014

Para Camila

Me encanta no recordar el día 2, como ayer, que olvidemos el “Feliz aniversario” durante buena parte del día y que terminemos recordándolo como una anécdota, como el cumpleaños de alguien o la comida de Beni.
Me encanta porque me da a entender que el tiempo para nosotros no existe. O es un efecto, un efecto fugaz, como dice la canción. Y sí, lo creo así, al menos con nosotros. El tiempo se ha resignificado en un límite antes que en un camino recorrido y eso me halaga y empodera nuestra relación, sabes.
Que se nos pasen horas de horas pensando en nada, haciendo de todo, cambiando de piel, jugando, caminando, es realmente atractivo; le da un sentido nuevo a las cosas, las eterniza y éstas nunca envejecen, o se transforman en nuevas, diferentes, únicas, y vamos a la playa y tomamos pisco sours sin pagar y te conviertes en mi peluquera favorita.
Es así que, creo, para nosotros, el tiempo no existe como tal. El tiempo no pasa, sólo está allí, lejos, esperándonos, como un límite, te decía, como algo que pasa por debajo nuestro, nos devuelve a la realidad para impulsarnos luego, otra vez, a las estrellas.

Porque el tiempo no existe, no pasa para nosotros.
Suena a cliché, a telenovela, pero es verdad. Como cuando tenemos que contar los meses para saber cuánto tiempo llevamos juntos, o como cuando se nos hace tarde y corremos al paradero y nos despedimos apurados -aunque no está bien, no he de negar que esa aventura siempre me emociona un poco-.
Porque al no haber tiempo, el espacio es infinito, las posibilidades se multiplican y siempre es la una de la tarde. Siempre se puede ver una peli, se puede salir, se puede hacer un postre, se puede jugar. Al no haber tiempo, la vida se disfruta más, los besos también, las miradas ven más allá de lo pensado, las manos escriben amores con los dedos.

Así que no, Cami, no hay tiempo.
No hay cuatro semanas, se volaron del calendario. Si no hay tiempo para bien, no hay tiempo para mal. El tiempo es un delirio de autor. El tiempo es un efecto. Un efecto fugaz. Pero nosotros y aquello que hemos ido construyendo en base a la confianza, el respeto y el amor, es verdadero, es real. Lo puedes tocar incluso y olvidarte de las fechas y las horas.
El tiempo no está, desaparece.
Nosotros, mientras tanto, nos tomamos una foto, nos reímos de todo y de nada a la vez, nos besamos y nos decimos que nos amamos, porque ésa es la única verdad importante, necesaria. El resto se pierde entre la política de los gestos y el circo social, no va.
Nos decimos que nos amamos y me entrego a ti, a tu disposición, al ritmo de tus ojos y a la necesidad de tu corazón. Siempre.

Te ama,
Roberto.

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