Con el paso de los (pocos) años, me he ido dando cuenta de que no todo debe ser exacto, que no todas las situaciones -más o menos similares- merecen la misma explicación o conducta ni se resuelven de igual modo.
Hay situaciones en las que, en la mayoría de los casos, se toma cierta acción... pero a veces hay que cambiar esa conducta.
A veces hay que restarles importancia a momentos a los que siempre les hemos prestado atención; a veces hay que comer un chocolate aunque la estricta dieta nos los prohiba, a veces hay que salir de casa en plena lluvia con sólo un polo como abrigo.
Todo esto sirve para abrirse, replantearse ciertas cosas a las que tal vez les estamos dando demasiada importancia, para siempre comenzar y volver a comenzar porque así se hacen mejor las cosas; a veces hay que desafinar un poco la cuerda.
Pero tampoco se trata de, con el pretexto de 'la excepción', dejar a un lado algunas bases a las que el tiempo y el sentido común les da la razón. Me explico: si tienes SIDA, no debes tener sexo sin protección; aquí no vale la duda ni tiene cabida la dejadez.
Es importante saber qué cosas pueden tener ciertas excepciones;
claro, hay una línea delgadísima que separa a la 'emoción de la aventura' de la irresponsabilidad.
Por escribir esto, yo no me convierto en un tipo perfecto, que no se equivoca; por darme cuenta de esto -de lo que muchos se dan cuenta también- no me visto con el terno de la precisión.
En fin, no creo que deban existir sentencias (esas que dicen que algo es blanco o es negro) y tampoco creo en las 'excepciones eternas'.
Creo que la vida no es así, creo que la vida es responsabilidad y siempre alternada excepción en todo. Porque quien vive preso de obligaciones autoimpuestas y de conductas robóticas no es feliz, así como el irresponsable envuelto en las mantas de la perenne comprensión tampoco. Aunque lo aparente.
21 junio 2010
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