09 junio 2014
Jueves en la mañana
Además de hermosa, la vida también puede ser una mierda. Una gran mierda flotando en la ciudad. Qué pena tengo de sentirme mal, triste, por hacer valer mis derechos, elementales, mi derecho al respeto, a la oportunidad, a la tranquilidad. Qué rabia dan la insensatez, la maldad, la bravuconada, el desprecio. Qué rabia no sentirse acompañado, sentirse solo, pelear contra el mundo a ciegas, arrojarse desde el aire sin paracaídas. Uno se siente torpe, vacío, le tiemblan las piernas, el corazón que ya no late sino tiembla. Las ganas de agarrarse a las trompadas con la primera mala cara que se le cruza, las ganas de llorar, de gritar, de matarse; las ganas de no vivir más que en nuestro propio hogar, donde se está más o menos bien o al menos controlado. El deseo de no pertenecer a nada. La intemperie, la lluvia y las bocinas de los carros. Tristeza. Decepción. Los hijos de puta que invaden la ciudad, Lima, esta mierda hermosa como la vida, la impotencia, la indiferencia, el frío en el pecho. De todas las maneras de morir, ésta es la más salvaje, la más sufriente, la más herida, la peor, la muerte peor, honda, desconsolada, solitaria. La violencia de la palabra, los gestos, las acciones, la mirada asesina y el resto del mundo vive pendiente de boberías, nadie se dedica a vivir ni mucho menos a ser sociedad, tribu, ilegales, sudacas, puño. La resignación, el sabor amargo, la bilis, el ardor. Las escenas que uno recuerda en cámara lenta, la tragedia, la avenida, la confesión. Qué desgracia que así sea. Qué inútil acción nos trajo hasta aquí. Qué poderosa forma se apodera así de nosotros y nos maldice. Qué vulgaridad sentirse mal, triste, por darse su lugar; sentirse solo y pequeño en un mundo agobiante, avasallante, imparable y abusivo, presa de sí mismo, de su propio dolor, que clava sus garras, que no nos deja ir.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario