Tomamos café para (intentar) despertarnos del todo luego de -tal vez- una mala noche y pensamos que el café nos quitará ese sueño que aún nos remolonea, es que nos lo dijeron siempre: “tómate un café, eso te va a despertar”. Por supuesto, está la cafeína pero, ¿cuánto del efecto del café se debe también a nuestra idea y esperanza de que éste nos despertará? Pienso en esto mientras me tomo uno y me enamoro de ‘Tango (Promesas de amor)’, tema del último disco de Fito Páez. Ya no sé si me despierta el café o la música, o ambos.
Como a todos, a veces a mí también me tocan días malos, que me apuran y me atrasan y me desesperan y me atrapan y los maldigo y no los soporto. Y entonces, cuando salgo de casa en esos días, no puedo ocultar tener una cara única de hijo de puta que, creo, de algún modo me sirve como escudo para protegerme de caras extrañas en la calle de las cuales siempre desconfío y como excusa ante mis propios instintos erráticos. Y entonces rebusco en la soledad un pensamiento y creo que la mano de Dios no está sólo en esa tragedia que suelen ser aquellos días sino también en ese escudo imaginario que me protege y me abriga; rebusco a Dios.
Hace no más de un año quise leer a dos autores que me inquietaba conocer: Jean-Paul Sartre y Nicolás Maquiavelo, es así que conseguí ‘El existencialismo es un humanismo’ de Sartre y ‘El príncipe’ de Maquiavelo; acertadas o no, ésas fueron mis elecciones y tuve cierta sensación. Los leí con mucho interés y, más allá del mensaje que pueda dar cada uno, vistos ahora -tantos años después de su publicación- me queda la idea de que, inevitablemente, las cosas van perdiendo su poder de revolución en tanto pasa el tiempo: ambos libros me parecen interesantes pero deben haber sido mucho más poderosos en su época -cuando todo era nuevo, un papel en blanco- que ahora, cuando todo aquello que antes se exponía ya se discutió y entonces se olvidó o se pregonó.
Sería muy soberbio de mi parte decir que no sin pensarlo dos veces pero me pregunto si traducir poesía es una buena idea, me parece extraño. ¿Cómo diablos traducir al húngaro a Vallejo, “Jueves será porque hoy jueves que proso estos versos los húmeros me he puesto a la mala...”?
Repito, no sé de la real viabilidad de este tipo de traducciones, y desde mi ignorancia no puedo tomarme el atrevimiento de juzgar algo que no conozco -y aun si lo conociera, dudaría en hacerlo- pero desde ya me deja una cierta intriga y una natural desconfianza.
‘El fin justifica los medios’, qué frase tan canalla, tan manipulada, tan sucia. Es mentira y, en todo caso, allí falta algo: ‘el fin no siempre justifica los medios’; sí, claro, resulta mucho menos pomposa pero necesita ser así porque dicha con el desdén con el que se dice es muy peligrosa. Con esa frase como pretexto, cualquiera podría hacer lo que quisiera sin importarle modales, leyes o sentido común: no me importa ser un desleal o una mala persona si al final consigo lo que quiero... porque muchos, convenidamente o por ignorancia, se creen todo lo que les dicen al pie de la letra.
Si algún día necesitas ver gestos de cortesía, tal vez de piedad también, sonrisas, lamentos, gestos de amor, desilusión, esperanza, resignación, alegría, buenos deseos... en fin, si necesitas ver algo de humanidad, ve a una clínica, allí encontrarás.
05 diciembre 2011
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