Yo estoy en contra del aborto; me desagrada la idea de cortar -así, violentamente- lo que pudiera ser una vida plena, o tal vez desdichada pero una vida al fin. Sin embargo, creo necesaria la despenalización del aborto en casos de violación: me parece poco saludable obligar a una mujer a esperar un hijo que quizás no quiere tener, obligarla castigando su hipotética decisión de abortar con la cárcel y forzándola a acudir a un centro clandestino para poder practicárselo si así lo quisiera.
De este tema se ha hablado mucho durante estos meses de campaña electoral y no puedo dejar de sorprenderme al escuchar tan desatinados comentarios así como malintencionados y ruidosos. Algunos políticos y/o líderes de opinión (entiéndase esto como mejor les parezca) han dicho y juzgado que el aborto es un crimen abominable, una irresponsabilidad, la intención de destruir a la familia y demás.
Yo no creo que el aborto sea un crimen; si bien es cierto que es lamentable perder una vida -y de esa manera-, ¿quién le evita a esa mujer embarazada por un violador los nueve meses de dejar el trabajo y gastar dinero -si tuviese ambas cosas, claro-, de tiempo en la posta médica o en el hospital -si pudiera ir o si los tuviera cerca a su domicilio-, los dolores, la sentencia de los ojos que prejuzgan y critican?, ¿el Estado -sentando en la comodidad de ser sólo espectador-?; lo dudo, el Estado no suele preocuparse por el bienestar de la sociedad, ni por el de los más indefensos de ésta (el Estado debería apoyar a estas mujeres, si así fuera, tal vez no nos veríamos en la necesidad de hablar de este tema).
No pienso en la despenalización en el caso que una mujer se embarace accidentalmente producto de una relación sexual consentida; yo entiendo que la pasión no acostumbra ir de la mano con la responsabilidad pero debería y uno debe hacerse cargo de sus actos, luego los padres decidirán si pueden criar al niño o si lo dan en adopción.
La despenalización en casos de violación traería consigo un beneficio muy grande que tal vez no está siendo tomado en cuenta en su justa medida. Al estar el aborto despenalizado, los hospitales y postas médicas estarían preparados para recibir a las mujeres que deseen abortar -ya sin el miedo de ser denunciadas- y así podría reducirse radicalmente el índice de mortalidad de las mujeres que abortan, el cual es demasiado alto; esto además de evitar que el niño por venir sea criado en un entorno tal vez fastidiado y poco preparado para cuidarlo.
Dos últimas cosas. No se trata de hablar del aborto como si fuera un crimen -y de quienes opten por él, unas asesinas- sino más bien como una decisión última, personal y por descarte tomada por no poder hacerse cargo de algo a lo que tampoco están obligadas las mujeres a poder encargarse: un niño producto de una violación.
Y, tal vez el principio de lo que podría ser un mejor actuar de parte de la sociedad: la educación sexual no sólo es conocer los órganos reproductivos del hombre y de la mujer sino también respetar el espacio y el miedo de las personas respecto a situaciones inesperadas; y no sólo debe correr por cuenta de las escuelas, debe correr -sobre todo- por casa, por una familia lo suficientemente organizada, tranquila y limpia de prejuicios para poder educar a sus hijos, la próxima familia.
28 marzo 2011
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