07 octubre 2013

El aire fresco del abuelo

- “Bueno, el asunto es el siguiente: El bus estaba casi vacío cuando subió una chica y se sentó en el segundo de los cuatro asientos individuales que había en él, los cuales dan a las ventanas y son los preferidos del público. Así las cosas, quedaban libres el primero y el cuarto de estos asientos, ya que el tercero lo ocupaba un anciano que estaba dormido. Al poco rato, subió al bus otro anciano que casi no podía hablar y, por comodidad, se sentó en el primero de estos asientos. Todo transcurría muy tranquilo hasta que la chica decidió abrir su ventana porque, realmente, hacía calor. Ella no pasaba de los veinte años y el señor del primer asiento no bajaba de los setenta. Pero bueno, a lo que iba, que cuando esta chica abrió la ventana, el anciano que viajaba delante de ella la cerró de un lento pero certero manazo que dejó confundida a la pobre chica, sin saber qué decir, mientras él se esforzaba por explicarse y dejarse entender, entre su dificultad motriz y el asombro casi indignado de la chica, que ella lo quería matar de frío, que qué irresponsable. Ella, casi loca, le increpaba al anciano que por qué le cerraba su ventana si a él no le molestaba y el ambiente debía estar ventilado mientras volvía a abrir la ventana y el anciano seguía cerrándosela intentando vocalizar algo pero no pudiendo comunicarlo, todo dado como en una repetición. Ella le pedía, de manera vehemente e inútil, que se explicara bien, le decía que no se le entendía lo que decía pero el señor seguía con sus vanos intentos, y la situación se convirtió en una tensión ridícula y hasta vulgar.
El cuarto asiento seguía desocupado y en el tercero, el otro anciano seguía durmiendo.
Finalmente, el anciano del primer asiento se bajó en su paradero y la chica, con una cara que mezclaba la angustia con el descanso, abrió su ventana, libre, sin que alguien la critique, sin que alguien le diga algo, contenta ella mientras el bus iba por la avenida. Hasta que el anciano del tercer asiento se despertó luego de un largo sueño, retomó conciencia de estar en el bus y precaución para no pasarse de largo, se levantó de su asiento y, más calmadamente que el anterior, cerró la ventana del segundo asiento, ante la frustración total de la pobre chica que, cansada y aturdida, se resignó a estar con la ventana cerrada hasta bajar del bus.
El cuarto asiento ya había sido ocupado así como el primero.”
- “Entonces...”
- “Entonces, hijo querido, toma el cuarto asiento y deja las cosas así. Ya no importa si el anciano tiene o no tiene razón, si es un maleducado o no, si hay que comprenderlo o no, tú simplemente déjalo allí, lo mejor que puedes hacer es evitar peleas, si quieres aire, te vas al cuarto o enésimo asiento y disfrutas del aire, y se acabó, así de simple, no tienes por qué perderte en discusiones que al final te van a traer más tragos amargos que dulces. Igual si no hay cuarto asiento; si las cosas se ponen así, déjalo pasar, no vas a fastidiarte el día por un detalle tan pequeño como ése.”
- “Está bien abue...”
- “¿Quieres chocolate?”
- “¡Sí!”
- “Pero caliente, ah...”

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