Hace algunas semanas, ordenando mi cuarto, encontré unos diarios que guardaba cerca de un año. Por curiosidad los revisé y uno de ellos informaba sobre una encuesta de intención de voto presidencial; no recuerdo qué empresa encuestadora la había hecho ni las cifras pero ésta ubicaba a Luis Castañeda en el primer lugar con una amplia ventaja sobre el segundo, ocupado por Keiko Fujimori; más lejos seguían Alejandro Toledo, Ollanta Humala, Lourdes Flores y Jaime Bayly y un poco más abajo figuraban Pedro Pablo Kuczynski y los denominados 'otros'.
El escenario, como es lógico, cambió mucho luego de casi un año: Lourdes Flores y Jaime Bayly no postularon, sí lo hizo Mercedes Aráoz aunque con poca fortuna y por poco tiempo y las cifras de las encuestas cambiaron drásticamente hasta dejar a un líder (Humala), tres empatados (Fujimori, Toledo y Kuczynski) y un rezagado (Castañeda) a puertas del 10 de abril; en el rubro 'otros' quedaba gente interesante como Rafael Belaúnde y Manuel Rodríguez Cuadros (este último renunció semanas antes de la elección) ya sin posibilidades de subir.
Luis Castañeda fue, tal vez, un buen alcalde, ha hecho obras importantes pero la gran cruz que ha debido cargar fue (y es) la falta de transparencia en su gestión municipal y su poca capacidad de comunicación con el público.
Keiko Fujimori, aun con su esforzada intención de mostrarse como una demócrata y distante del gobierno de su padre, no ha dejado de recordarme su ascendencia; conclusión: no le creo ni un ápice de lo que me ha dicho.
Con Alejandro Toledo ocurrió algo extraño pero tal vez previsible: luego de confirmar su postulación, fue ubicándose progresivamente en los primeros lugares de intención de voto y cuando por fin llegó al primero, fueron sus propios errores los que, con el mismo envión con el que subió, lo bajaron.
A Pedro Pablo Kuczynski lo respeto mucho, me parece una persona seria y preparada y es cierto que subió en las encuestas gracias, en mayoría, al apoyo de los jóvenes buscando un respiro a lo tradicional, hastiados del 'mal menor', y eso no está mal. Fue tal vez el incidente del pasaporte estadounidense -tema, a mi parecer, irrelevante- el que más lo golpeó, y es que cuando él dijo que zanjaría el tema, sus actitudes decían lo contrario, y a nadie le gusta eso.
Ollanta Humala subió de a pocos hasta acomodarse en el primer lugar y eso no es más que la respuesta de la gente a la indiferencia y al menosprecio que siente que le tienen (respuesta, a mi parecer, desmedida en su fondo aunque válida)...
Ayer empezamos a definir lo que pasará en los próximos cinco años y corremos el riesgo de quedarnos en el aire, de rifarnos la democracia, ya sea con viejas y ya sufridas prácticas (Humala) o con la sonrisa consoladora y asistencialista de la hipocresía (Fujimori), y en estos momentos no podemos jugarnos esas cartas, no es sensato ni es justo ni para con nosotros mismos.
No quisiera que pasen a la segunda vuelta ni Humala ni Fujimori pero esto parece inminente y como alguno de los dos será quien logre la Presidencia, no quedará más alternativa que respetar su elección y ser los primeros -como con cualquiera en el cargo- en poner la voz en alto si algún amago de abuso o de prácticas dictatoriales surgiera.
Por ahora, a esperar.
11 abril 2011
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