Cuando candidatos o periodistas hablan sobre seguridad ciudadana -sobre la falta de ella para ser más preciso- y acuden a cifras y demás, suelen poner en el tapete un tema bastante complicado: restaurar el servicio militar obligatorio. Según ellos, la obligatoriedad del servicio militar disminuiría los índices de pandillaje y delincuencia en las calles, tranquilizaría la ciudad y haría que los jóvenes sean disciplinados y sepan respetar a las autoridades y a su país.
Yo no estaría tan seguro de todo esto. En principio porque no creo que se deba obligar a los jóvenes -a quien sea en realidad, a los jóvenes en este caso- a prestar un servicio que no quieren, menos aún cuando ese servicio implica que se encuentren acuartelados con gente que no conocen, con rutinas que no conocen, con reglas que no conocen y que no deberían estar forzados a conocer.
Que la obligatoriedad del servicio militar reduzca el pandillaje y la delincuencia es bastante relativo, empezando por entender que el servicio militar no es un reformatorio y que las lecciones no son asimiladas por igual por todos quienes las escuchan; más bien, creo que el obligar a un chico a estar acuartelado y a seguir una rutina dictada puede provocar una cierta aversión hacia las autoridades y hacia su propio país, todo lo contrario a lo que se buscaría. Además, creo que para que disminuyan los índices de violencia no se debe usar la presión ni el látigo (y las formas del servicio militar serían otra forma de violencia), tampoco para fomentar el respeto al país y a las autoridades, para esto están los hogares y las escuelas... y creo que lo esencial para lograr ese respeto es que ese país y esas autoridades traten a los jóvenes como gente racional -tanto como quienes deciden la obligatoriedad o no- y no como un rebaño al que hay que enfilar para no tener problemas, para que no se pierdan las ovejas; y ese respeto no se aprende ciegamente en pabellones ni con palazos.
Pienso que el servicio militar debe seguir siendo voluntario, cada joven elegirá lo que crea mejor para él, lo que le más le convenga, lo que le resulte más cómodo y útil. Hay beneficios interesantes para quienes quieran ingresar: alimentación, seguro de vida, educación básica, descuentos en eventos organizados por el IPD, auspiciados por el INC, etc.
Y son justamente estos beneficios los que deberían alentar a los jóvenes que lo deseen a prestar el servicio militar y no que éste sea impuesto como un castigo.
04 abril 2011
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario