Yo conozco a un rockero al que le gusta mucho la música criolla. Tiene 68 años y vive en Breña, en una casa que luce, orgullosa, un banderín de Universitario y una pequeña ruma de elepés criollos que el tiempo va deteriorando sin descanso.
Un rockero que los domingos, cerca al mediodía, se reúne con amigos del barrio que llevan cajones, guitarras, pisco y anisado, y juntos, en la cálida sala del hogar, recuerdan momentos de alegría y de selecciones de fútbol intercalados con temas de Pinglo, Cavagnaro y Escajadillo, y otro sorbo de acholado.
Este rockero es un jubilado que (sobre)vive con la pensión que, mes a mes, debe ir a recoger al banco -no sin hacer largas colas- y con la ayuda económica de sus hijos que lo visitan siempre que hay un tiempo junto a los nietos jóvenes e inquietos. Vive con su esposa a quien conoció cuando empezó a trabajar en el correo, ella con 22 y él con 27; ha pasado mucho tiempo pero, aun habiendo sufrido malos ratos, el amor no se ha ido de ellos.
Los días de este rockero son muy tranquilos: se sienta a leer el diario ("otra vez un escándalo con este congresista"), toma un café, toma una siesta, pasa la tarde con su esposa caminando por el barrio, visita amigos de la infancia, del trabajo, de la vida... y en el aire se aparecen los goles de Cachito en la Bombonera, 1969.
Como tal vez ya podrán suponer, este rockero no escucha a los Stones ni tararea el riff de "Smoke on the water", no tiene una Les Paul ni poses de chico malo; nada de esto -por supuesto- convierte a nadie automáticamente en un rockero, ni por la imagen ni por el fuego artificial con el que -tal vez- se anuncie una forma de ser, ni siquiera por la música que se escuche. Es que el rock es una actitud, ser rockero es tener una actitud frente a la vida, una actitud rebelde pero respetuosa, decente, consecuente, digna, real.
Y este señor es un rockero. Porque con sus 68 años y su fastidiosa rodilla enferma, su actitud es la de luchar por ser feliz; porque, sin mucho ruido, es feliz reuniéndose con sus amigos a cantar y amando a su compañera; porque -por suerte- no supo dejarse vencer por el peso de los años, de las adversidades y de las decepciones, ni por su andar lento camino a la bodega. Es un rockero porque tira para atrás todos los prejuicios, malas caras y dudas y tiene como horizonte el ser feliz... tanto como se pueda.
Yo conozco a un rockero que estudia en Bellas Artes...
07 febrero 2011
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