17 noviembre 2014

El mundo está lleno de héroes

Lo dice “Desiderata”, sí, pero en algún momento se hace tan evidente que no hace falta que se diga, que sólo se trata de verlo, admirarlo y reconocerlo.

Veía un reportaje acerca de gente que vive en un cerro, en casas de esteras, sin servicios públicos básicos (electricidad, agua potable), en medio de la pobreza, del frío, y confinados por un muro que la divide de la gente del otro lado del cerro, donde abundan las piscinas, los autos de lujo y la ostentación.
El reportaje fue hecho en agosto, invierno por aquí.
Los chicos debían salir de casa a las 6:30 am para poder llegar al colegio, debían bajar el cerro tentando el camino pues la lluvia invernal lo había convertido en una resbaladera de lodo; los niños, muertos de frío, responden inocentes las preguntas como dagas de la reportera, sólo tienen una camisa y una chompa, porque la ropa no seca, ayer llovió.
Una señora llevaba en brazos a su bebé de 5 meses a la posta porque tenía una tos de días sin sanar; el bebé estaba envuelto en mil abrigos, aferrado al pecho de su madre, intentando sobrevivir. La señora vive en el cerro, de forma austera, y debe bajarlo por completo para llegar a la posta. Ayer llovió, hay que ir con cuidado.
Otra señora cocina a leña las alverjas que sus hijos almorzarán luego del colegio. Cerca al mediodía, debe bajar el cerro con tres galones vacíos que un camión cisterna llenará con agua (no sin antes pedir a cambio un dinero) y cargándose uno en la espalda y con los otros dos en cada mano, emprender el camino de regreso, allá arriba, donde la espera la vida. La señora cuenta que vino de Arequipa hace algunos años, que allí tenía una chacra y una casita donde sí habían servicios básicos y podía vivir con más tranquilidad. La reportera le pregunta si no quisiera regresar y ella le contesta “sí, pero si vinimos a Lima fue por la educación de mis hijos”.

Se me escapan algunas lágrimas cuando la escucho, se me revienta el pecho de orgullo, estúpido e inútil orgullo. La mujer más fuerte que conocí hasta hoy sufre la injusticia de la vida, de Dios, de la sociedad, del mundo, de lo que mierda sea que dirija los destinos. La mujer más fuerte que conocí hasta hoy mendiga comida en los restaurantes y no recibe asiento en el bus pese a su edad. La mujer más fuerte que conocí hasta hoy seguirá siendo más fuerte y la sociedad seguirá siendo más estúpida pero el camino que le está haciendo a sus hijos es de un amor impresionante, sin límites ni condicionantes; esos chicos serán los novios de mis hijas y los próximos ciudadanos del país, y tendrán el fuego en la sangre.

El mundo está lleno de héroes.

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