La muerte llega de manera inevitable a todos pero sucede casi siempre que uno
no está preparado para entenderla o aceptarla de esa manera; tan injusta que
nos parece, tanta tristeza y amargura que nos produce, tanta pena, tanto pesar.
Luis Alberto Spinetta falleció, tenía 62 años y, sí, una enfermedad terrible;
no era sólo un cantante de rock, no era sólo un músico prolífico.
Luis nos deja una obra invaluable que se registra en más de cuarenta años de
trayectoria, nadando contra la corriente y yendo siempre al frente con
propuestas netamente artísticas y alejadas del ruido de los clichés: supo
desvincularse de sus bandas cuando su carrera requería de otro vuelo ya sea
colectivo o más bien personal sin reparar en el costo comercial y/o popular que
aquello pudiera ocasionar, es decir, la honestidad por delante de la
mediocridad, como debe ser, la honestidad consigo mismo y, por ende, con
nosotros, el respeto ante todo.
Luis no se conformó con los acordes básicos del rock, no se conformó con el 4x4
tradicional, no dejó que primara la pose sobre la sinceridad, no... es más, no
se conformó con el rock: lo hizo girar, desde 1968 hasta el último disco, sus
músicas transitaron además el jazz, el blues, el pop, el rock and roll, la
sinfonía, el tango, la balada, la potencia de una guitarra distorsionada, la
delicadeza de una guitarra acústica como única cómplice, la fineza de las
cuerdas arropando su voz; el movimiento como respuesta ante la siempre inútil
estatización, allí sonaba su actitud rockera, en el cambio constante.
Luis cantó siempre de todo aquello que sea parte de nosotros: el amor, la duda
tan existencial como el propio ser humano, el medio ambiente, nuestros dioses,
sobre el envilecimiento cotidiano, la añoranza por las cosas queridas, la
cotidianidad barrial; letras algunas muy fijas, otras más bien dirigidas a
nuestras sensaciones pero siempre dispuestas y acompañadas por aquellas
armonías aparentemente inconexas pero ligadas con exactitud única, esos acordes
y esos riffs tan característicos.
Luis, aquel artista decente, honesto, consecuente con su idea de hacer
prevalecer el arte sobre las imposiciones comerciales y la vanguardia sobre la
vulgaridad y el amor sobre la maldad, consecuente con darle importancia a su
material reciente antes que atiborrar su repertorio con el material pasado;
aquel hombre humilde y en su sitio, sin poses vagas y torpes, comprometido con
la verdad.
Estoy triste, no tengo que negarlo, y aunque lo escriba y lo sepa, siempre una
instancia tan delicada como la muerte me trastocará; estoy triste porque deja
este espacio un artista al que amo profundamente, que supo estar sin estar,
penetrar en mi corazón con ternura y también con rabia, hacerme dibujar en el
aire imágenes reales e irreales que sólo se comienzan a descifrar mediante el
lazo tan hermoso como el que cantaba su voz, así.
Estoy triste pero, en mi tristeza, me planteo que Luis habrá de estar en un
lugar mejor, libre de tan penosa enfermedad, dispuesto a permanecer en nosotros
como siempre... con tu música, con cada cuerda pulsada en las guitarras, con
tus banderas desplegadas que las hacemos nuestras, querido Luis Alberto, ya nos
encontraremos y cantaremos contigo las hermosas melodías del corazón, te
quiero.
13 febrero 2012
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2 comentarios:
Lindo este post, Roberto!! L.A. Spinetta no solo era musico, era un genio y un angel que vivia entre nosotros. Haremos bien en seguir escuchandolo y hacer que otros conozcan su filosofia a traves de su musica.
Un abrazo!
Claudia
Claudia, muchas gracias por leer y comentar.
Y es cierto: escuchar, celebrar y difundir a Luis es la mejor manera de tenerlo presente.
Un abrazo,
Roberto.
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