13 febrero 2012

Para Luis

La muerte llega de manera inevitable a todos pero sucede casi siempre que uno no está preparado para entenderla o aceptarla de esa manera; tan injusta que nos parece, tanta tristeza y amargura que nos produce, tanta pena, tanto pesar.

Luis Alberto Spinetta falleció, tenía 62 años y, sí, una enfermedad terrible; no era sólo un cantante de rock, no era sólo un músico prolífico.

Luis nos deja una obra invaluable que se registra en más de cuarenta años de trayectoria, nadando contra la corriente y yendo siempre al frente con propuestas netamente artísticas y alejadas del ruido de los clichés: supo desvincularse de sus bandas cuando su carrera requería de otro vuelo ya sea colectivo o más bien personal sin reparar en el costo comercial y/o popular que aquello pudiera ocasionar, es decir, la honestidad por delante de la mediocridad, como debe ser, la honestidad consigo mismo y, por ende, con nosotros, el respeto ante todo.
Luis no se conformó con los acordes básicos del rock, no se conformó con el 4x4 tradicional, no dejó que primara la pose sobre la sinceridad, no... es más, no se conformó con el rock: lo hizo girar, desde 1968 hasta el último disco, sus músicas transitaron además el jazz, el blues, el pop, el rock and roll, la sinfonía, el tango, la balada, la potencia de una guitarra distorsionada, la delicadeza de una guitarra acústica como única cómplice, la fineza de las cuerdas arropando su voz; el movimiento como respuesta ante la siempre inútil estatización, allí sonaba su actitud rockera, en el cambio constante.
Luis cantó siempre de todo aquello que sea parte de nosotros: el amor, la duda tan existencial como el propio ser humano, el medio ambiente, nuestros dioses, sobre el envilecimiento cotidiano, la añoranza por las cosas queridas, la cotidianidad barrial; letras algunas muy fijas, otras más bien dirigidas a nuestras sensaciones pero siempre dispuestas y acompañadas por aquellas armonías aparentemente inconexas pero ligadas con exactitud única, esos acordes y esos riffs tan característicos.
Luis, aquel artista decente, honesto, consecuente con su idea de hacer prevalecer el arte sobre las imposiciones comerciales y la vanguardia sobre la vulgaridad y el amor sobre la maldad, consecuente con darle importancia a su material reciente antes que atiborrar su repertorio con el material pasado; aquel hombre humilde y en su sitio, sin poses vagas y torpes, comprometido con la verdad.

Estoy triste, no tengo que negarlo, y aunque lo escriba y lo sepa, siempre una instancia tan delicada como la muerte me trastocará; estoy triste porque deja este espacio un artista al que amo profundamente, que supo estar sin estar, penetrar en mi corazón con ternura y también con rabia, hacerme dibujar en el aire imágenes reales e irreales que sólo se comienzan a descifrar mediante el lazo tan hermoso como el que cantaba su voz, así.
Estoy triste pero, en mi tristeza, me planteo que Luis habrá de estar en un lugar mejor, libre de tan penosa enfermedad, dispuesto a permanecer en nosotros como siempre... con tu música, con cada cuerda pulsada en las guitarras, con tus banderas desplegadas que las hacemos nuestras, querido Luis Alberto, ya nos encontraremos y cantaremos contigo las hermosas melodías del corazón, te quiero.


Luis

2 comentarios:

Melpóneme Erato dijo...

Lindo este post, Roberto!! L.A. Spinetta no solo era musico, era un genio y un angel que vivia entre nosotros. Haremos bien en seguir escuchandolo y hacer que otros conozcan su filosofia a traves de su musica.

Un abrazo!

Claudia

Roberto Renzo dijo...

Claudia, muchas gracias por leer y comentar.
Y es cierto: escuchar, celebrar y difundir a Luis es la mejor manera de tenerlo presente.
Un abrazo,
Roberto.