A mitad de la semana pasada, un hecho suscitó la reacción inmediata de la ciudadanía y la mayoría de medios de prensa: en un asentamiento humano en Santa Anita, un hombre había violentado sexualmente a su hijo de 8 años y luego intentado matarlo para que no lo delatara con su madre; el niño fue encontrado sangrando y un patrullero lo llevó a un hospital donde lo operaron de emergencia y hoy se encuentra prácticamente recuperado físicamente, su agresor fue detenido por la policía y luego de confesar su delito y practicársele los exámenes médicos correspondientes fue puesto a disposición del Ministerio Público y le esperaría una severa condena en la cárcel.
Me aterra que estas cosas pasen en la ciudad, en mi ciudad, en tu ciudad, todos los días, a cualquier hora, tanta violencia. Y me aterra también la manera en que se habla y se comporta en estos incidentes.
La gente -genuinamente preocupada, impresionada, indignada- plantea cadena perpetua, pena de muerte, castración química, igual castigo (violación en este caso), trabajos forzados, un mes sin percibir alimentos y demás opciones para sancionar a dicho sujeto...genuinamente preocupada, impresionada, indignada, es verdad, pero sin pensarlo mucho: no he escuchado a alguien que -al menos- plantee la posibilidad de que esta persona esté enferma y que necesite -antes que el juzgamiento ciego y violento- la ayuda médica necesaria, a alguien que pida ir despacio porque nadie sabe qué acertijos pueda encerrar su personalidad, que no hay que ensañarse gratuita y desconsideradamente con alguien, respeto... o simplemente que es un asunto que, de esa manera -con esa responsabilidad-, le corresponde ver a los policías y a los jueces y no a la población; por supuesto que es algo de lo que se debe hablar -no debemos cerrar los ojos ante una realidad tan evidente y tan presente- pero sin involucrar nombres o fotografías o videos sin autorización y honras que pudieran verse afectadas, y es en este punto en el que -creo yo- la prensa no ayuda.
Es que me parece inconcebible que, ante una desgracia como aquélla, los noticieros -con su cara de indignación y horror- creen una inapropiada hostilidad y califiquen y juzguen con nombres y apellidos y quieran interrogar con una cámara escondida al niño (haciéndole recordar una situación nada agradable) -noticieros de canales que aún le dan cabida a programas como los talk shows o los que muestran casos ajenos de injusticia-, y que los diarios coloquen en portada rótulos tan denigrantes e irrespetuosos como "Monstruo", "Bestia" o "Depravado" sin saber un poco siquiera de lo que hubiera podido pasar; y claro, son los mismos medios que ponen en primera plana y pantalla la vergonzosa e invasiva imagen de la falda al viento de una actriz dejando ver su ropa interior.
Ya va siendo hora de dejar de hacer uso de esta violencia, dejar de abusar de los problemas ajenos en beneficio de intereses insensibles (léase rating); que hay que hablar y debatir sobre estos temas es cierto pero no creo que deban involucrarse a personas -equivocadas, enfermas o incluso totalmente conscientes de sus actos- en un asunto que no sabe de nombres y fotografías y ensañamientos inútiles sino de conductas.
05 septiembre 2011
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