No puedo escribirte una canción.
Lo siento, mi amor, realmente no puedo, entiéndeme.
Y perdona si mi confesión trae o parece traer consigo cierta desazón o desesperanza, no es mi intención, de ninguna manera, pero si quiero ser honesto contigo.
Es que, francamente, hay cosas que no se pueden explicar, que no pueden plasmarse en palabras, ajustándose a una métrica, a un compás, una rima, un fraseo; cosas que ni siquiera entienden de signos de puntuación, de comas, puntos, de nada; que no entiendo ni yo, caray, ni, quizás, entenderé, porque así de caprichoso puede ser todo.
Instantes, miradas, sensaciones, que no encontrarían forma ni equivalencia verdadera si pretendiese hacerlas palabras.
Entonces, ¿cómo podría yo?
Quizás alguna música podría, de alguna manera, rememorarte, acercarme recuerdos juntos y sonrisas de complicidad, sí, seguro que podría, incluso su ligereza podría ser la exactitud necesaria...
Y, es que, además, ¿qué más podría decirte que no te digan ya mis manos y mi silencio encantado?
12 agosto 2013
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