Todo, absolutamente todo. Y era tan extraño.
Mientras caminaba, todo me parecía bueno, todo parecía estar bien. Los peatones respetaban el semáforo en rojo pese a que no pasaban carros por la calle, las casas se veían bonitas, yo llevaba una chompa que hace mucho no me ponía y que -creo- me queda bien, las chicas estaban lindas, los chicos estaban lindos, los perros tenían carita de bondad. Todo era exacto, lo mejor, un día lleno de sonrisas por la calle, un clima calmo y, sí pues, resulta extraño encontrarse con un día así, pero qué lindo es.
No sé si por real complicidad o si por un deseo de estar acorde a la situación, pero casi siempre quiero ser también parte de ese paisaje.
Y creo que, al final de cuentas, todos vamos haciendo más o menos lo mismo, intentando caer en buen punto en un lugar extraño que a veces tiene toques de belleza, de sociedad, de amor.
Es lindo sentirse así, como parte de un todo, de una buena intención... Sí, porque uno casi siempre ve lo peor, en la tele nos muestran la miseria de la gente, su dolor, su rencor, y uno se acostumbra a caminar por la calle a la defensiva, con la guardia en alto por si acaso, y que, de pronto, todo cambie de color, pues resulta raro.
Raro pero bienhechor. Porque uno se pone de buena y sonríe, y le da sed y va a una tienda a comprarse una Inca Kola y contagia su sonrisa a la vendedora que, al rato, va a engreír a su bebita que debe tener no más de ocho meces y que también sonríe y, con su sonrisa, contagia a la de su hermano mayor que ya se cansó del puchero y así, una cadena que puede ser interminable si no se cuenta de gestos de armonía, de amor, de querer estar bien.
También de eso se trata la vida.
Porque no es sólo luchar y llorar y desangrarse y vivir contando las historias más desgarradoras de la vida. También es ahogarse de la risa y vivir contento, como se pueda. Buscarle la vuelta a las cosas, indagar su costado jocoso y entretenido, estar al lado del camino. Por supuesto, es una suerte encontrarse con esos peatones en el semáforo, esas casas lindas, esa chompa, esas chicas y esos chicos, esos perros. Pero también se puede ser uno de ellos e intentar generar en otros la sonrisa que uno pueda llevar consigo, quizás puedan hacerse pequeñas revoluciones incluso en los actos más pequeños, ¿por qué no? Hay que ser feliz.
17 junio 2013
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