A veces pienso que, si cruzando la calle, alguna vez, un auto me atropellara, suavemente, y sólo me dejara tirado en la calle con un leve dolor, no haría muchos esfuerzos por incorporarme ni por llamar a nadie ni por pedir ayuda. Creo, y sólo creo, que en ese caso me entraría un sueño estupendo, amigo, conciliador, como ninguno en estos días de semana; mi ropa me abrigaría, el frío me sentaría bien y acomodaría mi cuerpo hasta acurrucarme contra el cemento y conversar con Dios. No existirían días siguientes ni relojes, hambre o miseria. Quedaría suspendido en el aire, como las nubes, las estrellas, el piano que nunca tendré.
Si lo pienso fríamente, nada tiene solución. Lo pienso ahora mismo que la ciudad empieza a cambiar su sistema de transporte. Es como retroceder: Ok, para tener un buen sistema de transporte, necesitamos buenas pistas; para tener buenas pistas, necesitamos buenos funcionarios; para tener buenos funcionarios, necesitamos buenos electores; para tener buenos electores, necesitamos buena educación; para tener buena educación, ¿qué mierda necesitamos?, ¿refundar el mundo? Por eso, pensándolo con tiempo, raciocinio, frialdad y todas esas cosas, nada tiene solución. Porque el cambio de sólo uno no afecta un mecanismo ya instalado. Afortunadamente, nunca me creo nada ni pienso demasiado.
Pienso también en que, si una mujer se desnudara públicamente en Pakistán y gritara y corriera e hiciese lo que quisiese durante esos segundos de gloria, aunque la mataran, sería una heroína. Aunque la apedrearan, le llenen de látigos el cuerpo, sería una heroína. El mundo sería distinto quizás. Tomarían conciencia todos del valor de la libertad, el pensamiento y la felicidad. Los músicos dedicarían apasionadas canciones en su honor y los poetas sendos versos extensos y revolucionarios. Nadie la olvidaría y tal vez dejaría algún legado. Alguien seguiría sus pasos, una mujer, un colectivo femenino-no-feminista, un país quizás. El único inconveniente es que ella estaría muerta, y la muerte puede ser un precio demasiado alto para ser libre y feliz. Quizás sería mejor -o menos triste- estar viva, pese a todo, pero viva.
29 septiembre 2014
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