29 agosto 2011

La violencia del ímpetu

El descontento, la indignación, el caos y la rebeldía no son comportamientos que distingan continentes, idiomas o clases sociales, sólo se presentan así, como una erupción, y suelen hacerlo justificadamente, con sus pro y sus contra.

En Chile, gran parte de los estudiantes universitarios, liderados por una joven Camila Vallejo, vienen reclamando -desde hace casi tres meses de marchas por las calles- calidad y gratuidad en la educación pública de los jóvenes chilenos; a esta movilización se sumó la paralización de trabajadores públicos y algunos privados en busca de reformas sociales y laborales que puedan beneficiarlos. Es así como en Santiago y otras ciudades chilenas se han escuchado cacerolazos en las calles, los comercios han sufrido saqueos, se han decidido huelgas de hambre, para cambiar un sistema que, según algunos sondeos, el 80% de los chilenos no desea más; ciertamente, los incidentes con la policía y la violencia son algo que nadie quiere pero parecen ser la única forma en que pueda escucharse su voz, y no seré yo quien, desde un cómo asiento de espectador, juzgue a ciegas.

En Libia, los rebeldes llevan seis meses luchando por liberar a su país del régimen que encabeza Muamar Gadafi, el cual pronto estaría llegando a su fin tras la toma de Bab al Aziziya, la residencia del líder libio en Trípoli, la capital del país africano. Los insurgentes cuentan con la alianza ¿desinteresada? de países como Estados Unidos y Francia los cuales solicitan dinero a organizaciones internacionales para apoyarlos en su causa y envían fuerzas especiales a la capital libia y a las principales ciudades, incluso un grupo de empresarios ha ofrecido dos millones de dinares (1.7 millones de dólares) por la entrega a las fuerzas de transición de Gadafi, vivo o muerto, y es que, según el Consejo Nacional de Transición, el régimen no está terminado en tanto éste no sea capturado. En estos seis meses, la rebelión ha causado más de veinte mil muertes, ciudades bombardeadas, gente torturada y ejecutada; un país destruido que sólo espera surgir desde las ruinas y reconstruirse...

Y así, marchas en Ecuador en defensa de la libertad de expresión atentada por el presidente Correa, las protestas desatadas en Egipto que provocaron la caída del gobierno de Hosni Mubarak o la movilización de 'los indignados' en España.

Algo se está moviendo en la gente, algo que va más allá de la tecnología o de la adolescencia, y eso está bien, siento que es una rebeldía sincera y necesaria; ojalá, por el bien de todos, no debamos llorar más muertes ni sufrir más desmanes por cambiar lo que nos incomoda, ojala no más.

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