Las empresas privadas, el Congreso de la República, el Presidente, los alcaldes.
Las personas que tienen el poder (el poder de mejorar las cosas con el dinero que manejan) se preocupan del progreso de las ciudades pensándolas como grandes edificios, centros financieros y comerciales, departamentos y demás construcciones.
Es importante que inviertan en el progreso de las ciudades: así habrá turismo, habrá ingresos; la gente pensará que tiene un buen administrador de su dinero cuando -quizás- éste le está robando parte de los impuestos o aumenta el presupuesto de alguna obra.... mientras en el mercado, las verduras le cuestan cada vez más.
Y las fotos de la prensa, las publicidades efectistas nos muestran un mundo soñado y hermoso... Pero, ¿quién se ocupa del progreso de las ciudades pensándolas como una sociedad, como un conjunto de personas?.
El progreso del cemento difiere -de forma injusta- del progreso de las personas, no existe proporción.
Y cuando hablo del 'progreso de las personas' no me refiero al sueldo que perciben, me refiero -sobre todo- a la calidad de vida que llevan (calidad de vida que quienes tienen el poder manejan): los diarios que ven colgados en los quioscos, la educación que reciben en las escuelas y universidades, el ambiente laboral que respiran en los centros de trabajo.
No puede ser que en el Perú (un país en pañales) se prioricen inversiones que benefician a pocos cuando siguen habiendo niños analfabetos, barrios que no cuentan con agua potable, gente sin acceso a la calidad de la salud o que muere de frío en las zonas más pobres del país; no puedes comprar un auto si no tienes qué comer.
Pienso que el progreso de las personas debe empezar con la educación que se da en casa.
Luego, la tarea de cada uno es nadar contra la corriente... al menos hasta que las cosas mejoren.
28 junio 2010
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