Cómo es la vida, ¿no?
Es domingo 22 de setiembre, son casi las ocho y media de la noche y estoy conversando con mi enamorada; de pronto la conversación gira en torno a nuestras primeras comunicaciones, el primer mensaje de texto, las ideas que teníamos el uno del otro, nuestras primeras impresiones.
Y me parece muy loco cómo las cosas van cambiando en uno, como se van dibujando en el camino, a veces, sin que uno se lo proponga, o al principio sí.
Le comentaba a Camila (mi novia) que, cuando recién la conocía, yo quería ser un tipo interesante para ella, que le genere cierto interés extra más que el de un gusto musical compartido (que es por lo que nos habíamos conocido), y entonces yo tenía cosas importantes que decir, reflexionaba sobre muchas otras, leía, tocaba la guitarra y, si bien es cierto que la mayoría de esas cosas eran reales, evidentemente -y en un afán de conquistar un corazón- debo haberme puesto en un plan un poco exagerado y quizás sobrevaloré algunas, incluso sobre mí, y de esa manera pude acercarme un poco más que lo que mis expectativas suponían con la sinceridad, y salimos, y nos besamos. Y, sin malicia, podría haber creado una imagen distinta de lo que soy, la de un tipo con una personalidad arrolladora o, al menos, la de alguien interesante, pero para poder acercarme a ella; y sin embargo, ya con el tiempo que llevamos juntos como novios, lo más probable es que ahora yo sea quien realmente soy y me gusta ser y no me ande con rodeos de saco y corbata y mocasín, y aun así seamos felices y nos divirtamos como niños.
Parece que así sucede con todo en la vida. Uno es “algo”, maquilla ese “algo” para hacerlo más interesante o más importante y, cuando ya uno está en la confianza de ser uno mismo, ese “algo” se quita los polvos y se muestra tal y como es. Y no se trata, como digo, de malicia o de un doble juego, para nada, al menos en mi caso, que no me considero una mala persona; es quizás, una manera de darse a notar de la mejor manera, de aparecer, de encontrar un espacio para luego desenvolverse como uno quiere, como uno es en realidad.
Y siento que me ha pasado eso con Camila, claro, y lo converso con ella con tal ternura y percepción de aquello que pasó que, sí, parece algo natural, común, ordinario, de todos, que tal vez a ella le pasó lo mismo.
Porque pasa. Al menos a mí.
Que me pasó con muchos amigos, de diferente manera quizás, a quienes me junté, en un principio, por cierta afición a algo, a la música o a lo que sea, y las primeras conversaciones, las primeras impresiones, estaban referidas, inevitablemente, a ese gancho que nos unía, hasta que el tiempo hizo que bajáramos revoluciones y fuéramos más ¿nosotros mismos? No lo sé, pero esa confianza y esa cotidianidad nos acercó más a aquello que en realidad somos y que no queremos esconder porque es de lo que estamos hechos en esencia: risas, bondad, amistad, cariño.
Y Camila me dice que “siento que me he enamorado de ti no sé cuántas veces” porque siempre nos vemos en situaciones nuevas y yo me derrito de amor y no puedo seguir escribiendo.
Y la adoro, sea quien sea yo.
23 septiembre 2013
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