23 junio 2014

Impostores

Todos, siempre.

Porque somos como queremos ser pero, por alguna razón, sospechamos que presentarnos de esa manera ante alguien podría resultar molesto, chocante o causar una primera mala impresión. O porque pensamos de determinada manera sobre algo pero sabemos que comunicarlo naturalmente podría simplemente alejarnos de aquella persona a quien queremos acercarnos. O sea, por necesidad. Por defensa personal. Por civismo. No por hipocresía ni por dobles caras. Por aprender. Porque necesitamos ser parte de una sociedad, porque necesitamos tener una familia. Porque queremos agradar, obvio, queremos caerle bien a la gente, que no nos odie, no necesariamente que nos sonría, pero que no tenga animadversión alguna para con nosotros. ¿Por qué?, ¿acaso hay algo malo en nosotros, en lo que pensamos o en lo que decimos? Pues no, o sí. Todo dependerá de quien nos miré, de cómo nos mire, de en qué momento de su vida nos mire. Entonces, como todo es tan relativo, como todo depende de todo pero nunca de nosotros, mejor cuidar, evitar, ser un buen vecino, desear una feliz Navidad. Y bueno, cierto es que eso, en gran parte, nos daña. Nos despersonaliza. Pero es algo que hay que saber manejar, que hay que saber llevar poco a poco hasta poder ser unos mismos. Es gracioso -creo-. Estar obligado a tener una especie de estrategia para poder ser uno mismo. Pero, sea como fuere, lo que importa es el ahora, por ahora, para ahora poder ser algo en algún lugar. Este texto ya se desvió de su intención primera pero tiene un mejor camino-destino. Y es que uno necesitar pertenecer a algo para poder emprender aquello que quiere en la vida. Necesita estar en el lugar de acción para poder accionar. Es así. Y pues, mal que bien, es el mundo ese lugar, esa sociedad a la que uno ha de pertenecer y en la que uno ha de desenvolverse. Y uno necesita entrar bien en ella para poder ser quien es, definitivamente. Impostar un poco la voz para luego hablar claro y sin rodeos.

No hay comentarios.: