Ruido. Poder. Política. Religión. Valores.
Cuando se ponen en debate temas que pueden considerarse polémicos -en estas elecciones, por ejemplo, el aborto, las drogas, las uniones civiles entre homosexuales, la pena de muerte-, surgen posturas, situadas a favor o en contra, que suelen ser bastante radicales, algunas veces extremas, casi siempre irrespetuosas...
Yo, por mi parte, estoy a favor de las despenalización del aborto en casos de violación, a favor de un control en el comercio de las drogas, a favor también de las uniones entre homosexuales y en contra de la pena de muerte; pienso que el aborto es una decisión muy personal y que no es justo castigar a una mujer por optar por él, que hay que ver por fin que las estrategias contra el narcotráfico no han funcionado y que se podría girar el timón, que todos tenemos el mismo -y hermoso- derecho a hacer lo que deseemos en tanto no dañemos a otras personas y que matar a un delincuente no es la solución a los problemas. Y planteo mi posición pacífica y respetuosamente.
Sin embargo, quienes muestran una opinión distinta, la muestran de mala manera. No dan planteamientos, no dan alternativas interesantes y coherentes con la realidad. No. Ellos desinforman e insultan. Usan el ruido, su gesto y el poder que les da la aceptación popular y abusan de la manipulabilidad* y cierta ignorancia de la gente para encantarla, atraparla, encandilarla y hacerle creer que todo lo demás planteado está equivocado e incluso que es irresponsable y malintencionado...: Que si el candidato propone despenalizar el aborto, que está atentando contra la familia y los mandatos de Dios. Que si se muestra siquiera interesado en la despenalización de las drogas es porque debe tener apoyo del narcotráfico. Que si aprueba la unión entre homosexuales debe ser porque algo esconde. Que si se opone a la pena de muerte es porque le tiembla la mano... Ruido, demasiado ruido.
Y lo peor de todo es que estos argumentos no son dados únicamente por algunos políticos, candidatos congresales o presidenciales o líderes de opinión (¿?), también por los representantes de la Iglesia, el Cardenal y el párroco del barrio. Con la religión, Dios y los valores como escudo, pretenden negarnos nuevas alternativas, de cambio, de mejoría; prefieren quedarse (y dejarnos) en una situación que no da más -una situación de terror y miedo para no avanzar- y permanecer en la quietud, sin mirar la realidad.
Y hay quienes los siguen. A ellos con sotana, a los otros con saco y con corbata. A cuidarse.
* Sé que no existe la palabra 'manipulabilidad' pero expresa con exactitud lo que quiero decir.
28 febrero 2011
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