26 mayo 2013

Caminata

Una de las cosas que yo más disfruto es caminar. Me libera de los demonios, me pone de buena porque me hace pensar en tantas cosas que puede que luego no haga pero quedan allí como un fueguito dentro mío, en fin, es lindo, con o sin música, siempre me da imágenes interesantes, otro panorama; caminar unas veces por lugares ya conocidos y transitados, otras veces ir por calles desconocidas pero inquietantes, estimulantes.

Y, en minutos, uno presencia cosas que se quedan, que nos hacen testigo de la vida misma, de sus vaivenes.
Como ver a dos chicos en una esquina dándose el beso más apasionado del mundo y haciendo de él un paisaje solitario para ellos dos, o como ver a una turista llorando inconsolable porque una señora le robó sus documentos en plena avenida Larco; los cambistas apostados en las esquinas con sus soles y sus dólares al acecho de turistas presurosos y a la vista también de delincuentes sin disfraz. Como ver a los gatos rondando sensualmente los árboles del Parque Kennedy, los transeúntes sentados en las bancas comiendo o bebiendo bajo su mirada tierna e insinuante, verlos atentos al movimiento de ese insecto al que de pronto atrapan con una de sus patas y se convierte en su alimento de la tarde.
Como presenciar una discusión en la entrada de un casino por alguna partida de póker, cruzarse con un loco sin higiene y sin ser respetado, comprarse una hamburguesa y echarle la crema de ají que uno mismo llevó mientras -extrañamente- sonaban Beatles y Bob Dylan... Cosas que no suceden o que no se ven a menudo pero que parecen guardar su presentación para cuando uno está atento a todo, en busca del abrazo de esas sensaciones, nuevas o viejas, pero siempre poderosas.

Y es mágico cuando se presentan en cualquier camino, en una avenida altamente transitada o en una calle casi desierta.
Porque es una representación de lo que es la vida, el mundo, la sociedad, respecto a uno. Es una película, un abanico de imágenes que no tiene reglas para mostrarse y que se aparece como un rayo para hacernos notar cosas, buenas, malas, revolucionarias, ordinarias, que nos incluyen, hacen las calles y las avenidas, y las reflexiones de un tipo sentado frente a su computador.

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