01 noviembre 2010

Ese límite violento

La 'Ley General para la prevención y control de los riesgos del consumo del tabaco' fue gestada en el 2008. Esta ley -la 28705- obliga a las tabacaleras a imprimir en las cajetillas de cigarros imágenes y frases que alerten a los consumidores sobre las consecuencias que produce el fumar; las imágenes y frases son aprobadas por el Ministerio de Salud y se modifican periódicamente.

Juan Carlos Díaz denunció hace algunas semanas que la imagen que aparece en las cajetillas junto a la frase 'Fumar causa infarto cerebral' es la de su padre, el señor Juan Manuel Díaz. En dicha imagen, se muestra a un señor hospitalizado y con un mal semblante, dando a entender que esa situación se debe al exceso de tabaco.
El señor Juan Manuel Díaz falleció el año 2009 a causa de una neumonía y, según sostiene su hijo, nunca se le pidió permiso para usar la imagen de su padre. En tanto, el Minsa afirma que esa foto no pertenece al señor Díaz, que fue tomada a otra persona y que tiene las pruebas y autorización de ello...

Pero más allá de quién tenga la razón en este penoso caso, vale preguntarse: ¿es necesario usar este tipo de imágenes -que muestran a gente enferma- para alertar a la gente sobre los riesgos de consumir tabaco?.
Según la OMS, los resultados son positivos: en Canadá, el 27% de fumadores disminuyó su consumo y un 58% pensó en los efectos de fumar, y en Brasil, el 54% de fumadores cambió su opinión sobre las consecuencias del consumo de tabaco y el 67% se motivó a no fumar; esto en dos de los 147 países que se unieron a la iniciativa.
Y no es que no crea en estas cifras (seguramente esa gente entendió los riesgos de fumar), lo que no me parece correcto es que el canal que se utilice para persuadir a la gente sea la violencia -porque la violencia no sólo se expresa con los puños sino también con frases e imágenes hirientes, ojo al piojo-; las cajetillas de cigarros podrían tener una imagen alusiva (menos fuerte) con el mismo mensaje... pero se nos está dejando la idea de que la única manera en que podemos prestar atención a lo importante (en este caso, los riesgos de fumar) es ese límite violento al que no debemos llegar -y que debemos cambiar-.

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