19 febrero 2010

El morbo

La palabra "morbo" puede, en una primera impresión, llevarnos a una idea de sexualidad y, siempre que no sea en exceso, no está mal ser un poco morboso. Pero hay "un tipo de morbo" (qué extraño clasificar los morbos) que es esclavizante, idiotizante, es decir, traidor.
Al escribir esto, pensaba en ponerle un nombre a ese morbo (morbo ____) pero resulta tonto e innecesario así que estos ejemplos espero que "nombren" lo que les quiero decir:

Algunas noticias -supuestamente importantes, vitales para estar enterado de lo que pasó y lo que pasa- excitan nuestro morbo a niveles extremos. Las vedettes se pelean entre sí ("¿qué habrá pasado?"), el nuevo look de cierto jugador ("¿será gay?"), la nueva pareja de cierto actor ("es sólo interés"), excitan, les decía, el morbo por saber qué hay detrás, por qué, para qué, cómo, quién, dónde. Ya no nos importa si esa vedette baila bien, si ese jugador triunfa o si ese actor hace un papel extraordinario. No, que aburrido, ¿a quién le importa eso?.
Y se abre el debate de la vida pública y la vida privada, de qué se debe saber y qué no. Diego Armando Maradona dijo alguna vez que él no es un personaje público sino que es un personaje popular. Tamaña diferencia, inmensa diferencia. Lo que podamos saber de esta gente (que nos hace felices, ojo) se debe basar en su función en la sociedad, promoviendo el arte o pateando un balón.
Y llegamos al extremo de grabarla a escondidas y mostrar los videos en televisión o fotografiarla y poner las fotos en los diarios como si fuesen un tema de interés nacional... y, lamentablemente, aceptamos la oferta y queremos saber siempre más y más y un poco más.
Hablo en plural por que nosotros, TODOS, en menor o en mayor medida, tenemos esa insana curiosidad.
Quizás sea tirado de los pelos lo que diga y no me arriesgo a afirmarlo pero, tal vez, ese morbo es la traducción de nuestros deseos de ser (de haber sido) como ellos; una especie de remedio a nuestros fracasos. No lo sé y no me aventuro a confirmarlo.

Pero este morbo no sólo se presenta en las "grandes figuras de nuestra sociedad": tu vecino quiere saber por qué sales tan temprano o tan tarde de casa y mi vecino por qué compro tanto café. Es alucinante cómo nos creemos "con derecho de saber" cosas que no hacen más o menos a las personas; e incluso si así fuera, no es justo meterse en la vida de los demás...

En verdad, hemos llegado al extremo más estúpido de todos: endulzar nuestras amargas vidas husmeando en las de los demás; divirtiéndonos, criticándolas, felicitándolas... y, mientras, dentro de nosotros, las cosas no marchan muy bien...

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