Sábado, 30 de junio del 2012,
Lima, Perú.
Dos chicos caminan de la mano por el Centro de Lima.
Se internan primero entre las salas de exposición del MALI,
ella le explica sobre algunos tejidos preincaicos y él se deja embelesar por
esa sapiencia tan sensual y tan atractiva, luego se asombra con ella de ciertas
figuras que modelan la geometría de manera extraña, coloradamente extraña. Tras
la visita, comen chifles en el Parque de la Exposición y miran a los patos y a
los gansos mientras hablan sobre la vida y lo maravillosa que puede llegar a
ser ésta sin demasiado aspaviento, y los vendedores le ofrecen “rosas para su
señorita enamorada”. Enseguida, se sumergen en las profundas y variopintas
aguas andantes del Jirón de la Unión y llegan al cruce con Quilca, toman rumbo
por allí entre la vereda estrecha y los libros sin marketing, husmean entre
textos escolares, Benedetti y las Rolling
Stones pasadas y aparecen en el aire las palabras de una guitarra que suena
a Ande y a amorosa desesperación (se ríen cómplicemente), también la silueta de
una mujer semidesnuda en una revista (y una escena que es mejor no comentar por
ser demasiado jocosa para la seriedad de este documento).
Regresan a la marea del Jirón del Unión cuando, al momento de entrar a la Plaza
San Martín, se encuentran con una fiesta de colores y de carros alegóricos
majestuosos: La Marcha del Orgullo Gay se hacía presente y ellos dos, allí,
testigos de tal celebración.
Se decidieron ver qué pasaba justo en la Plaza, cruzaron la calle y vieron un
escenario donde recién comenzaba a cantar un chico, el público homosexual se
demostraba cariño de mil modos y eso, de alguna manera, los ponía de buena;
escucharon las pocas canciones que este muchacho interpretó y cuando creían que
ya terminaba su presentación -y sin ser más de las seis de la tarde-, cogió los
acordes de “I will survive” e hizo bailar a todos sin distinciones. Y mientras
ellos también bailaban, pensaban en la libertad y en la felicidad.
¿Te acuerdas Camila?
Ha sido un buen año éste. Ha estado lleno de sensaciones como ésta, donde se
confunden la libertad, la armonía, la felicidad, la felicidad por saber felices
a los demás, la autenticidad, el descubrimiento; ha llegado la persona con la
que comparto el amor en su forma más pura, más genuina y más real y eso me ha
abierto las puertas a paisajes que son más bonitos cuando se viven de a dos.
Ha sido un muy lindo año, y el que viene será mejor, lo sé.
Buen día, día. Buena celebración de fin de año. Hasta
pronto.
17 diciembre 2012
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