Entonces, al mediodía de ese miércoles caluroso en Piura, llegó la muchedumbre enceguecida y furiosa con huevos podridos, piedras, palos y cámaras de tele para hacer justicia, para vengar la muerte de su ídolo, para gritar “que se muera ese maricón de mierda”, que “a una mujer se le respeta” y otras cosas más.
Y entonces la reportera, con su ojo crítico, su título a nombre de la nación y sus botas todoterreno, preguntó y repreguntó “¿qué le diría usted?” o “¿qué sienten los piuranos en este momento?”, cuestiones -claro está- de gran interés nacional, de sesudo y necesario análisis.
Y entonces la presentadora-opinóloga del noticiero, con su peinado estrambótico, su pose de absoluto profesionalismo y su tonito de reina y señora de la moral y lo correcto, indignada, condenó “este aberrante hecho, la justicia determinará cuál será la pena para este cobarde”, prejuzgando, idiotizando, arengando.
Porque un tipo es acusado de matar a su pareja a golpes. Entonces el pueblo, rabioso, va a la casa del tipo y le tira huevos, le rompe las ventanas, le golpea la puerta; genera escándalo y prejuzga acerca de su supuesta culpabilidad. Y la reportera le echa sal a la herida del desarrollo de la humanidad haciendo que el pueblo se pronuncie, “la voz del pueblo es la voz de Dios” y cientos de idioteces más con las que nos llenamos la cabeza de mentiras. Y la presentadora excitando el escándalo, el problema, el chisme, el subdesarrollo, la ignorancia, la mediocridad, el desatino, la condena, la maldad, la soberbia, la inmundicia, la mierda sobre la que se le es cómodo sobrevivir siendo imagen de reconocimiento.
A mí, nada de eso me representa. Sin embargo, es mayoría en el mundo que vivo, en la sociedad donde intento ser feliz sin molestar a nadie. No me voy a suicidar ni pondré bombas en los canales de televisión, ni seguramente pondré las cosas en su lugar justo con este texto, pero ha de quedar constancia, ha de saberse, que éste no es un juego serio, no es la vida real, es sólo una payasada que diariamente vivimos, ocultándonos nuestra propia miseria disfrazada de justicia o moral. ¿Bajo qué concepto serio puede ser lo antes narrado algo natural o correcto? Bajo ninguno. Sólo la maldad y la estupidez soportan aquella idea, aquella bandera de lucha.
Y lo que faltaba: la miniserie de televisión.
¿El tipo? Prófugo de la injusticia.
14 julio 2014
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario