Lo sucedido con los 33 mineros de la mina San José, en Chile, fue increíble; pasar de la angustia de creerlos muertos a la alegría de saberlos vivos debe haber sido para las familias el motor para seguir, para no dejarse caer.
Fue también lindo saber que la convivencia allá abajo se hacía inteligente y que, en los peores momentos, los mineros supieron armarse de valor, guardar sus pasiones, sus iras y esperar lo que tenga que pasar.
Y el 22 de agosto se produjo el primer contacto de los mineros con el exterior; los encontraron y era hora de trabajar en rescatarlos, tarea que concluyó con éxito el 13 de octubre...
Lástima que todos se interesen más en el lado B de la historia.
Con la prensa como intermediario, la gente quiere saberlo todo: cómo durmieron, cómo se asearon, quiénes se pelearon -y por qué-, qué comían.
Yo entiendo el interés de la gente -que, valgan verdades, también es el mío- de conocer un poco (lo necesario) cómo transcurrieron esos días y reconocer la fuerza y el espíritu de los mineros; pero querer inmiscuirse en los detalles y sus intimidades en el refugio me parece un exceso y hasta una falta de respeto.
Entonces, y como conseguirían altos índices de audiencia y ventas, los medios de comunicación (televisión, radio, diarios, Internet) ponen dinero de por medio para que alguno de los mineros acceda a una entrevista, mejor si es en su casa y con toda la familia reunida; y bueno, ante los labios pintados del dinero es difícil rebelarse, sobre todo cuando se le necesita.
Y como todo el mundo iría a verla, los productores de cine ya estarían pensando en hacer una película narrando los 70 días en el refugio, inventando -tal vez- historias de peleas y desencuentros; porque el morbo vende, sobre todo cuando el miedo y la angustia están presentes.
La historia de los 33 mineros es hermosa, la labor de rescate fue hecha de excelente manera y la pesadilla al fin terminó.
¿Por qué entonces querer saber más?, ¿por qué el afán de saber absolutamente todo -como si fuera nuestro derecho-?, ¿qué puede ser más importante que saberlos vivos y felices y alegrarnos por ello?; los detalles de la convivencia deberían quedar entre ellos, en sus espacios, en sus secretos.
25 octubre 2010
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