04 junio 2012

Que siga la melodía

Para Camila

Hay duendes que giran y giran debajo de tu cama buscando un silencio en tu sueño de noche, déjalos bailar que así le dan cuerda al sol de tu siguiente mañana.

¿Te acuerdas de los árboles que corrían a nuestro alrededor mientras nos abrazábamos?, yo tampoco, no los vi, no me interesaban.
Una noche me puse a contar las estrellas que brillaban elegantemente en el cielo, no terminé, me dormí, pero supe que tenían un rincón de sus luces dedicado a mí, y el momento llegó, llegó cuando aquellos árboles se movían sin nuestra atención, ignorados.
Sí recordamos a los cisnes de la bendita coincidencia, “la condición de sentir casi todo sin decir”, refleja el cisne así el agua en sus alas, un instante para toda la vida, darle luz al instante; cómo cambia todo con una decisión aparentemente inconexa a la importancia, y ya ves, nadie sabe qué le espera ni para qué y no termina nunca de entenderlo todo pero lo vive feliz.
Sabes de sobra que puedo no ser siempre lo que busques pero siempre seré yo, y así me ataré a la hermosa idea de ser para ti lo que necesites, si no puedo serlo me lo inventaré, por eso no te preocupes, pero estaré allí y siempre siendo yo, para ti.
Te contaré algo: tengo miedo de mucho, por todo y por nada pero ahí está, por suerte creo saber manejarlo y hacerlo dormir en el olvido mientras toda la magia sucede entre las avenidas; descuida, el miedo es ahora un amigo que solo da consejos y ya no obliga.
Dices, con sabiduría, que hay puentes que acercan; cada día lo creo más y certifico esa veracidad cuando llega el mensaje, cuando veo la sonrisa, cuando siento el abrazo, cuando beso el beso, cuando siento que la distancia es un concepto que empieza a perderse en los libros y a deshacerse como un bloque de insignificancia en nuestras manos.
Me hace feliz que me digas que eres feliz y que sea esa felicidad la que nos guíe, ciertamente vamos un poco a ciegas, tentando el camino, conociendo sonoridades, con cuidado pero también con confianza, también se trata de correr el riesgo, el riesgo de correr.
Sabes de sobra que no escribo por compromisos ni por temporalidad, no me mueven ni me movieron alguna vez obligaciones ficticias y dañinas, que lo que ves aquí es lo que está pasando y quiero contar; es tan simple como eso, la sinceridad, la autenticidad, y sé que lo sabes, que esto que lees es mi corazón sin ropajes y que no necesita más que tu abrazo eterno y apasionado, la luz de los días.
Que siga la melodía, te quiero.

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