08 marzo 2010

Después del final

Qué misterios rondan a la muerte.
Uno espera pasarlo bien en la vida, ser feliz, disfrutar; ¿pero qué esperar de la muerte?, ¿qué pasa cuando uno muere?.


Rondan muchos misterios, también, con respecto al alma. Y esto con relación a que la muerte es el final definitivo del funcionamiento del corazón, es decir, de algo aparente y exclusivamente físico. Entonces, ¿qué pasa con el alma?.
Dicen que cuando uno muere, el alma se queda en la Tierra para acompañar a los seres queridos. Dicen que cuando uno muere, el alma sube al cielo y se encuentra con la gloria eterna. Dicen que cuando uno muere, el alma se enfunda en otro cuerpo y vuelve a vivir y que los recuerdos (esos vagos y extraños) que uno tiene que no corresponden a esta vida pues pertenecen a la(s) anterior(es).

Desde nuestro ínfimo papel en la histeria (historia) de la humanidad (son muchos años), el miedo a la muerte se presenta inevitablemente. Y es miedo porque ignoramos lo que pueda pasar, ignoramos cómo pueda pasar. E incluso, es miedo por dejar a los demás, porque, tal vez, nos apenamos de cómo ellos sientan nuestra partida.

¿Pero es triste la muerte?, ¿es motivo de desdicha?.
Si nos dejamos llevar por la eterna afirmación de que el alma se va al cielo, pues creo que la muerte es motivo de tristeza y también de alegría.
De tristeza porque uno empieza a extrañar a la persona que se fue y piensa en que no la verá nunca más, que nada será igual sin ella, que quisiera acompañarla. Y de alegría porque, pensándolo fríamente y, como decía, dejándonos llevar, quien se va, descansa, al fin, en paz y goza de un merecido descanso...


Yo sólo espero llevar una vida feliz, satisfactoria, tranquila, sin hacerle daño a alguien. Espero ser feliz y hacer feliz, si se puede, a alguna otra persona. Espero no caer en la mediocridad y no arrepentirme de algo; y, en caso que así fuera, aprende la lección.
Y si, después del final, me toca comenzar otra vez, pues paciencia y buen humor; que si recuerdo algo bueno de esta vida, pueda trasladarlo a la nueva que me tocaría. Y en fin, sobre todo, ser feliz. Muy feliz.

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