07 julio 2014

Te adoro

Está echada al borde de la cama y yo no puedo dejar de mirarla, de enamorarme, de seducirme, de hechizarme.
Tiene el pelo corto y castaño, los ojos chicos, la boca perfecta, el pecho limpio, los senos firmes y erectos, el vientre plano, una bombachita rosa que cubre su naturaleza, las piernas suaves y los pies blancos. Está echada al borde de la cama, y yo en la mesa no puedo hacer más que admirarla, que dejarme llevar por sus encantos de fiera, de niña, de mujer.
Estamos en una habitación, como lo pasamos siempre, entre habitaciones de hoteles, entre sábanas desconocidas pero que terminaban siendo siempre nuestras. Esta vez, es nuestra la habitación, nuestro el amor, nuestro el futuro y nuestra la esperanza.
Ella tiene 20, yo cumplo 26 en agosto. Ella estudia Comunicaciones en la universidad, yo hago lo que puedo para llevarme unos cuantos soles al bolsillo para no morir. Podría haberme dicho que no, sin pestañear; y yo no le hubiera reclamado. Pero no, ella me aceptó, esa yegua me aceptó, esa mujer, esa niña, esa hembra, esa puta, esa amiga mía, me aceptó. Es mi novia. Yo no puedo hacer nada más que agradecerle a la vida el que me haya puesto un ángel como ella en el camino. Mi vida estaba destinada a ser una estadística más, un número sin importancia en el planteo enorme del mundo; pero llegó ella y no tuvo que hacer absolutamente nada para que yo recobrara el sentido y la oportunidad y me dijera para mí que ella sería mi chica y por ella sería otra persona, mejor. La amo. Es mi vida, es lo mejor que el mundo podría haberme ofrecido, a mí que tanto me golpeó. Es una suerte, o una bendición, o la justicia divina, no lo sé, pero es ella, divina ella sí, quien me hace vivir, me hace pensar en el futuro con una sonrisa y emocionarme. Cuando regresa a casa luego de sus clases, mi alma es una fiesta, se encandila, le ofrezco café, galletas, no hago otra cosa que cuidarla, que protegerla. A veces me da miedo que cualquier pendejo se quiera sobrepasar con ella, es tan indefensa, tan pura, y yo no quiero que le pase nada, no quiero perderla. Mato y muero por ella.
Si la vieras. Es tan sexy cuando habla, cuando me pide un cigarro y lo pone en su boca, lo enciende y aspira. Es tan sexy cuando me busca, cuando se acerca a mí con su carita de seducción y con su dedo recorre mi cuerpo, cuando me besa, cuando se sienta sobre mí y me fija la mirada. El mundo se parte y sólo quedamos ella y yo. Nos alimentamos. Nos excitamos. Nos damos placer. El universo entero se resume en su placer y el mío, el éxtasis, el sudor, nuestros cuerpos desnudos y en la cama las promesas del amor para siempre, pase lo que pase vida mía, yo estaré contigo, nuestros hijos serán felices, tendremos una casa grande con jardín y un balcón para fumar y reírnos de la gente, una cocina linda para hacerte la cena y un comedor para servirte la comida y mirarte comer, recogerte el pelo y sentirme tan afortunada, tan feliz, tan inabarcable, tan dueña de mí misma, tan mujer, tan tu compañera. Porque, de alguna manera, estamos solas en el mundo, mi amor, y esto que construimos, este amor tan puro y tan de verdad, será lo que nos acompañe en las tormentas y será lo que nos dé sentido de vivir. Somos la esperanza del amor, somos dos mujeres decididas y enamoradas.

Te adoro.

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