Hace algunas semanas escuché en la radio una entrevista a un candidato al Congreso -no es que no les quiera decir quién era el entrevistado sino que no lo recuerdo, lo que sí recuerdo es que iba por la reelección-.
Pues bien, este candidato intentaba cautivar a los oyentes (nosotros) para que voten por él y adornaba la voz y casi que se le escuchaba con gomina en el pelo, y entre los infinitos motivos que explicaba para que 'lo honren con el voto popular', hubo uno que dibujó en mí una triste y resignada sonrisa: contaba que en su gestión como congresista, él consultaba a los ciudadanos cuáles eran los principales problemas de sus distritos para luego hablar con los respectivos alcaldes y ayudarlos y que estaba muy preocupado y el amor y el romántico solitario y la espada de la justicia. Y lo decía con tal convicción y espíritu aventurero que tal vez haya ganado algún par de votos después de esa entrevista pero yo, al menos yo, no le creo. No te creo.
Por supuesto que todo es posible y de repente sí, este congresista era (o es o era y es) un preocupado por el bien de la comunidad pero, por desgracia, no lo imagino -ni a él ni a otro- tan interesado en las necesidades del prójimo y tal... si yo fuera congresista, tendría ya suficiente interés en el suelo -puntual eso sí- que no buscaría interesarme en algo más; por eso no sería congresista, no quisiera hacer lo que no quiero que me hagan: el tonto.
No sé, tal vez yo me esté sintiendo injustamente decepcionado y poco esperanzado pero no tengo muchas alternativas, desde que tengo uso de cierta razón social, convivo con este tipo de gente, la mayoría de ella realmente incapaz y sin vergüenza alguna.
Pero ojo, todo esto no significa que no viva en mí alguna expectativa positiva, es una expectativa bastante minúscula pero ahí está. Creo -y por ahora sólo eso, creo- que hay gente decente y correcta buscando un sitio en el Congreso, gente interesada más en plantear ideas inteligentes y soluciones viables a los problemas que en insultar y difamar, y pienso que merece un lugar allí, frente a la Plaza Bolívar.
En fin, ojalá estemos en la capacidad y serenidad de elegir correctamente a nuestros congresistas, y recordemos dos cosas muy importantes: lo primero es que los ciudadanos les pagamos el sueldo que reciben y debemos exigirles trabajo y compromiso, y lo segundo, que están en el Congreso velando por nuestros intereses, que no se olviden.
07 marzo 2011
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