Me pregunto -sin algún tipo de ambición, sólo por curiosidad- cuánto tiempo (más) habrá de pasar hasta que alguien llegue a mi casa y se asombre de que aún conserve discos compactos en buen o regular estado, originales -"¿¡originales!?"- y, además, por si eso fuera poco, un equipo de sonido donde escucharlos; ¿cuánto tiempo más?, ¿cinco años?, ¿seis?; y le muestre el disco doble de Spinetta y los Socios del Desierto, la edición de Interdisc de 1994 de 'Clics modernos' de Charly García o la firma de Fito en el disco 'Moda y pueblo'.
Alrededor de un congresista hay aproximadamente diez reporteros atacándolo casi con sus micrófonos y grabadores, sus poses de guardianes de la ética y la moral y sus preguntas incisivas.
Diez reporteros: con sus temores, sus alegrías, sus frustraciones, sus apuros, sus dilemas, sus sudores; diez personas distintas y, seguramente, con distintas posiciones e ideas políticas también. ¿Cómo harán aquellos reporteros que no concuerdan con las declaraciones de dicho congresista para mantener alguna mesura y, a la vez, aquellos que sí están de acuerdo con él para no parcializarse (demasiado)?, y tal vez ni siquiera trabajan en medios que piensan lo que ellos.
Andrés Calamaro nos confiaba que iba a dirigir una película por día en 'Mi rock perdido', cuando cantaba en Los Rodríguez.
Nunca tanto como hace unos poco días entendí tan bien ese deseo: a veces me vienen ganas de contar historias mediante una película y me pienso dirigiéndola o con la cámara en mano buscando planos precisos o repartiendo guiones o explicando tramas -y traumas- o editándola o actuando en ella. En blanco y negro, a color...
Qué expresivos son los animales.
Me conmueve la felina belleza con la que los gatos sensualizan su movimiento lento y acompasado y curvan su lomo y fijan la mirada en algún punto o en ninguno con sus ojos tranquilos y fulgurosos como una fogata, reinando desde su serenidad en todo el espacio; y me conmueve la sincera expresión de los perros, sus rostros nostálgicos como dormidos mirando la nada, quizás esperando atención, confabulando, sus lenguas sanando heridas, sus ladridos como desesperados.
Cuando tenga dinero, tranquilidad, tiempo, suficiente locura o un poco más de dinero, quisiera fundar una editorial (nombre tentativo: Ediciones respetuosas) dedicada a reeditar los viejos libros de los que hoy no hay registro y aquellos que sí han sido reeditados pero agregando a la mala información extra -apuntes biográficos, prólogos, comentarios- que creo que no debe estar porque simplemente no estuvo en la primera edición. Y así reeditar la obra de César Vallejo, de Julio Ramón Ribeyro, de Oscar Wilde... tal y como se editó por primera vez. Ediciones respetuosas.
24 octubre 2011
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