21 febrero 2011

Paso a paso

Este último sábado, el Movimiento Homosexual de Lima volvió a reunirse en la Plaza de Armas como parte de la iniciativa "Besos contra la homofobia"; esto luego del incidente de la semana anterior en que un grupo de policías echara a los homosexuales de mala manera de la misma plaza cuando se manifestaban dentro de esta iniciativa. Esta vez no hubo enfrentamientos con la policía, hubo más bien feligreses -algunos de ellos de rodillas- orando frente a la Catedral con rosarios en la mano, pidiendo a María la salvación de las almas perdidas, de espaldas a tan impúdica manifestación de libertad y amor.

Es una pena. Y digo que es una pena porque tras la desafortunada acción de la policía, que un grupo de gente se convierta en el paladín de la moral y las buenas costumbres (si es que esto se puede definir con cierta precisión -la vida no es un diccionario-) resulta, tal vez, peor. Y digo peor porque no hay algo más allá de la pose, porque esa gente, después de dictar su juicio, continúa su día hablando mal de otras personas, despotricando contra quienes no piensen u opinen lo que ella y usando como escudo a la religión -en este caso, por ejemplo- oculta su quietud frente a la realidad, en lugar de plantear actitudes interesantes y educar a las familias en la igualdad y el respeto con los demás.
Es cierto, y hay que decirlo, que ver a parejas de un mismo género reunidas en una plaza besándose puede resultar chocante, y poco afortunado manifestarse así, tan de golpe, y es que no se puede pretender cambiar la visión de la sociedad de un sólo porrazo, pero entiendo también que este tipo de manifestaciones son -un poco- producto de una sociedad que se venda los ojos ante otras opciones de vida que no concuerden con lo común, con lo de siempre, y que incluso desprestigia esas opciones calificándolas como depravadas o indignas.

Una primera solución para que esto no se convierta en una guerra entre los buenos y los malos sería la aceptación de una situación, que pasa y que no se puede negar, y empezar a respetar a las minorías, esto para nosotros. A los homosexuales, pues les diría que sigan luchando por sus derechos, que son iguales a todos, pero que encaren mejor su defensa, que vayan paso a paso, poco a poco, lograr que una sociedad mejore necesita paciencia y buen humor. Paso a paso.

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