Bus (¿bus?), siete de la mañana, todos yendo a algún lugar tal vez: casi todos
los días el bus está copado y tengo que viajar parado gran parte o todo el
camino hasta mis clases de (Técnicas en) Ingeniería de Sonido; cuando hay mucha
suerte -y/o un perrito danza su cabeza al costado del chofer como un autómata-
puedo sentarme y como siempre zambullirme en mis audífonos para aislarme del
caos y de la radio que nos confunde a todos (Charly García dixit). En esa
suerte y desde mi incómodo asiento, veo entrar a tantas personas -que viajarán
paradas- que una de las primeras cosas que se me pasan por la mente es ayudar a
alguna de ellas y llevarle el maletín, la cartera, la mochila, los documentos o
lo que lleve en mano que pueda cuidarle... y entonces pienso que la ayudo por
puro egoísmo: que lo hago sólo para sentirme tan pero tan bien conmigo mismo y
con la vida y para notar su sonrisa de sorpresa al ver que un desconocido
quiere ayudarla sin condiciones, y, bueno, vuelvo a mis audífonos con una
sonrisa yo también y con menos modorra que horas antes, cuando me preparaba el
café casi a tientas, adivinando proporciones.
“Regálale a tu mamá lo que más quiera: Licuadora Oster, Olla arrocera Imaco...”
Todo bien -casi todo bien en realidad- con que se defina un día especial para
todas nuestras madres y hacerles un regalo y demás pero me parece bastante
estúpido seguir y mantener la misma vieja cantaleta que dice que a tu madre le
tienes que regalar algo para que siga recogiéndote las babas: una licuadora,
una aspiradora, una lavadora, qué sé yo... es permitir que se instale cada día
un poco más la sinrazón, la esclavitud de comportamientos, y claro, con el
comercio como punta de lanza de tal despropósito; y lo mismo pasa con los
desgraciadamente eternos programas de concurso estúpidos de la tele, compiten
los hombres contra las mujeres, “la guerra de los sexos”, qué manera de
idiotizar a la gente. Yo creo que ya es hora de dejar la tontería atrás y
empezar a construir una sociedad basada en respeto, comunidad e igualdad y no
más en divisiones sin sentido que lo único que hacen es embobarnos más y
hacernos retroceder abismalmente y con vendas en los ojos, no sirve.
Me pregunto siempre cómo habrá sido el comienzo de todas las cosas, ese punto
de partida en que todo se desconoce y todo es novedad, desde lo que hoy nos
parece más obvio hasta lo más grandilocuente: ¿cómo habrán sido vistas las
orejas o las narices por los primeros hombres?, ¿acaso les habrán parecido un
defecto siendo partes que sobresalen del propio rostro?; ¿cómo habrán celebrado
el descubrimiento del fuego?, ¿conocer las vestimentas?; ¿el primero en hacer
pan?, ¿Cristóbal Colón: la tierra es redonda?, ¿quien pensó en los vinilos,
quien pensó en los discos compactos?. Me pregunto todo eso y no puedo dejar de
pensar en la locura, la poesía y el coraje que representa ser un cambio, salir
al frente y decir “bueno, resulta que las cosas son así” y bancarse
indiferencias, rechazos, hogueras ciudadanas, no es fácil en un mundo que suele
preferir la comodidad a la aventura. Esas revoluciones son, finalmente, las
hacedoras de todo esto que vivimos, y de esto que escribo y de aquello que se
escribirá.
Creo que estamos desperdiciando la ciudad, ya lo hacemos de día, la
desperdiciamos aún más de noche y de madrugada. En el día o estamos encerrados
en un aula o maniatados en un trabajo o haciendo las veces de ama de casa: es
decir, imposibilitados de movimiento en la calle; entonces si queremos ir a un
banco, al registro, a la farmacia, a una biblioteca no podemos hacerlo porque
cuando tenemos el tiempo libre -de noche o de madrugada- está todo cerrado, y las
calles con poca luz e inseguras. Creo que habría que reformular las cosas: que
las bibliotecas, los museos, las oficinas estatales y demás estén disponibles
hasta la noche para que luego de que la gente salga de trabajar pueda
re-conocer su cultura o arreglar sus pendientes; que el transporte público, las
farmacias, los supermercados, operen también de madrugada para quienes estén
pie a esas horas: hacer que la ciudad no se duerma a las siete de la noche, que
la ciudad siga viva hasta el amanecer, que circule. Eso.
14 mayo 2012
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