El año pasado escribí aquí un artículo, bajo la excusa de la Semana Santa, en el que hablaba de la religión y de los religiosos y sobre algunas malas mañas que siempre, hasta hoy, me han molestado, como la hipocresía por ejemplo. Esta vez, no es que quiera enmendarme porque sigo creyendo lo que escribí, lo que quiero es ir por el otro camino, el positivo, y hablar sobre lo bueno que representa la Semana Santa, esos días pintados de rojo en el calendario que aún no sabemos reconocer con claridad.
En principio, como sobre ese artículo me comentaba tan generosamente Daniel F, la Semana Santa es ese tipo de fechas que une a la gente y eso de por sí ya es importante. Luego, revive la fe en quienes la perdieron, la renueva en quienes la mantienen intacta en sus corazones, en sus trabajos, en sus familias, o se presenta en quienes quizás nunca la conocieron; para quienes no son católicos, son días de descanso y eso también es bastante útil. Además, creo que de algún modo, estos días pueden resucitarnos un poco a todos, físicamente, espiritualmente...
Y me parecen importantes, también, las historias que se vuelven a contar; historias que están en la Biblia, ese libro que es como la antología del pasado, presente y futuro del hombre, fotografías de situaciones que datan de hace más de dos mil años y que hasta hoy siguen imprimiéndose. Historias, ciertamente, contadas en películas poco llamativas, viejas, grabadas en blanco y negro y pintadas 'para la nueva generación', con montajes poco creíbles, dobladas al castellano con acentos francamente desesperantes, etc., pero historias de verdad.
Historias como las de Jesús, María, Lázaro, Judas, María Magdalena o la manzana que, claro, no nos constan -yo al menos no las vi, obvio- pero que, al final, su credibilidad resulta lo de menos porque siempre representaron y representarán la vida y eso hace que sean de verdad. Es que en la calle, en la vida real, podemos ver la traición o la tentación o la fe en lo que parecía imposible o la justa piedad con el arrepentimiento.
No es tan importante probar si Jesús fue realmente crucificado, si María era virgen o si era una manzana el fruto prohibido y no una pera o un melón, importa lo que aquello representa, lo que nos dijo y nos dice, y eso (esas historias) está bien plasmarlo en las películas pero podría estar mejor puesto, creo que éstas necesitan un envión de actualidad, de interés de acercarlas más a los ciudadanos de hoy para que sean aún más útiles y que así el mensaje de Dios (que yo lo resumo en 'paz y amor'), tan mal manejado en estos días, sea mejor encaminado y más cercano.
25 abril 2011
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