Como al escuchar la luna romperse.
Como al presenciar ese robo y, aun sin verse directamente afectado, sentir la burla, el desprecio, el asco, el terror, la desolación, los nervios, el frío, el caos, la bronca.
Como al ver la veloz carrera del asaltante, la selva impenetrable entre los callejones.
Como al erizarse la piel y ocurrírsenos cerrar la ventana como primera reacción, coger fuerte el libro que estamos leyendo y mirar en todas las direcciones.
Como al pensar en nuestra familia, como al tener miedo y pedirle al dios que sea que nunca le pase algo igual, jamás.
Como al sentirse tristemente solidario, absurdamente indignado.
Como al sentirse solo.
Como al sentirse desolado, abandonado en el mundo por la vida.
Como al morir un poquito más.
Como al volver al mundo.
Como al saber que hay que defenderse como sea.
Como al saber que hay que resignarse a lo que sea.
Como al saber que la vida no vale nada.
22 septiembre 2014
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