Ver a tanta gente parada frente a los diarios colgados en una de las laterales del quiosco es ver, en pequeña dimensión, un poco un resumen de la sociedad: parados allí ricos y pobres, apurados y relajados, honestos e indecentes, de derecha y de izquierda, altos y bajos, hombres y mujeres; miradas atentas a los titulares de diarios deportivos, de actualidad, asesinos de ilusiones, amarillos, todos compartiendo el mismo fondo pintado de blanco que nos convoca, al que acudimos mañana a mañana a mirarnos un poco en el espejo y a leer noticias que tal vez olvidaremos durante el transcurso de las horas, mientras cocinamos o pensamos en nada.
El quiosco se convierte, así, en el espacio en el que se confunden diversas instancias y diversos pareceres.
Mañana lluviosa, cargada de humedad y de autos vestidos de saco y corbata en las calles; cruzo la avenida -pese a mis ojos y andar somnolientos- y me encuentro, nuevamente, frente a tanta gente que da un discurso sin obtener atención ni respuesta alguna y a tanto titular encontrado. La noticia del día era la polémica generada por las reacciones de la ministra de la Mujer ante la muerte de tres niños en Cajamarca intoxicados al consumir los alimentos donados por el Pronaa -entidad dependiente de dicho ministerio-, tales reacciones -ciertamente torpes- provocaron la furia desatada y sin guía de la oposición que, lejos de pensar en la muerte de estos tres niños y en la solidez de la ayuda social que brinda el gobierno desde hace muchos años, sólo buscaba echar del cargo a la ministra aun cuando ella no es responsable directa de tan lamentable suceso.
Y provocaron la furia de la mayoría de diarios que, paralelos a la oposición, pedían su renuncia inmediata; y esta furia -a su vez- provocó la férrea defensa del único diario decididamente oficialista que acusaba una suerte de plan maquiavélico para desestabilizar al gobierno e impedir su lucha contra la pobreza y la corrupción instalada en las instituciones y la conspiración y negar el innegable apoyo ciudadano al Presidente de la República y todo lo demás también.
Dicha confrontación de titulares me resultó curiosa, siempre la vi -por supuesto- pero nunca con tanta claridad me dio esa impresión de representar un poco un resumen de la sociedad, y junto a los titulares también la gente frente al quiosco mirándose, reflejándose tal vez: nosotros, comprando una opinión, reforzando nuestras ideas o cambiándolas, espectadores de la simulación de certezas ficticias pero altamente rentables, en los titulares y en la gente alrededor, y en nosotros, desde luego.
17 octubre 2011
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