08 noviembre 2010

Aquí en Túnez cualquier cosa puede pasar

Éste no es un artículo pesimista, es más bien fotográfico...

Solemos quejarnos y amargarnos el día por muchas cosas: la prensa, los políticos, el ridículo futbolista con la ridícula vedette y su ridículo romance de televisión -y en HD-, etc.; pensamos que son cosas que sólo suceden "en este país tercermundista", "es que así vamos a ser siempre", que "aquí en el Perú cualquier cosa puede pasar"...
Y vivimos y montamos una escena de martirios y complejos y no podemos -o queremos- ver dos puntos importantes: lo bueno que tenemos y las acciones que tomaríamos frente a lo malo.

Acerca de 'lo bueno' quizás nos separen algunos detalles pero creo que coincidimos en Kuelap, el cebiche, Kina, Sofía, el pisco, Machu Picchu, la papa, Grau (¿sigo?)... Claro que las cosas cotidianas ('lo malo') son las que nos rodean, nos hablan, nos miran, nos piden nuestro voto, pero no sabemos poner frente a esto eso que nos enorgullece, que nos inspira, que nos recuerda que estamos parados sobre el edén (casi sin darnos cuenta). Yo sé que en el vértigo del día a día es difícil detenerse a pensar en esto y sonreír un poco pero podríamos hacer el esfuerzo, no vendría mal.

Acerca de 'lo malo', pues podemos asimilarlo o atacarlo.
Asimilarlo es lo peor de todo, significaría aceptar y dar visto bueno a la mediocridad, al humo gris que respiramos; atacarlo puede ser sabio siempre y cuando se le agregue cierta dosis de indiferencia, así no caeríamos en la pasión desmesurada, es decir, en un inminente error, ahogarnos en vasos de agua turbia.
Atacarlo -sin atacar, con serenidad- implica que estemos todos listos y adheridos a una causa que debe ser común y entendida como tal, como una unión optimista y realista para algo mejor, no sólo para posar en la foto.

Les parecerá conformista -y no lo es- pero así como suceden cosas ridículas, torpes y grises aquí en el Perú, en el mundo también, en Francia, en Estados Unidos, en Australia y en Túnez; y no se trata de sumarnos al grupo de los deprimidos sino de sacudirnos el polvo y encarar la vida de un modo más feliz y más firme, teniendo en cuenta que hay cosas que debemos cambiar y que la mejor manera de enfrentarlas es la sonrisa y el saber lo bueno que tenemos.

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