19 julio 2010

Locura, poesía y coraje II

Lo que ahora nos resulta obvio, útil, preciso, interesante pero obvio; todo eso que creemos que existió o que se supo siempre, alguna vez se descubrió y esa vez debe haber sido todo un suceso lleno de curiosidad, incredulidad, real interés y demás emociones.

Lo que ahora nos resulta obvio o lógico es el resultado de la lucha -quizás en solitario- de hombres marcados por el destino ante la burla, el desinterés, los vampiros.

Me traslado en el tiempo y pienso en la primera persona que hizo fuego, que amasó harina y creó un pan, que tuvo la idea de un disco compacto.
Y pienso que tal vez fueron maltratados, ignorados; que no les dieron bola ni oportunidad ni el mínimo beneficio de la duda y que en silencio siguieron imaginando y soñando, caminando por la sombra, mirando de reojo, hablando entre susurros, viviendo del amor.
Son -quizás- los genios que no aparecen en el diccionario o enciclopedias (y eso no los eleva ni los degrada) pero que lo son no sólo por lo que inventaron sino por su lucha y su entrega y su coraje y su amor. Genios de la vida.
Y su hazaña -que imagino debe haber supuesto una revolución- ahora nos parece obvia, útil, precisa, interesante pero obvia. Y no reconocemos al hombre que hubo detrás.

Y creo que la historia me da la razón:
Ahora, el fuego lo conseguimos prendiendo un encendedor o un fósforo y nos fumamos un cigarro pensando en cualquier cosa, como todos los días.
Y cruzamos la calle y pagamos por una bolsa de pan que nos hace extremadamente feliz, como todos los días.
Y reproducimos un CD y escuchamos buena música, como todos los días... aunque ahora la música se escuche en un juguete de 10 cm.

Es hora (hace mucho ya) de valorar esas pequeñas cosas que se nos hicieron cotidianas pero que en su tiempo de concepción fueron una magia de emociones y revoluciones y burlas y sensaciones... y la hermosa idea de ayudar.

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