31 mayo 2010

El aborto

Cuando algo se prohíbe, indirectamente se está permitiendo.
Si a un adolescente le dices que no fume, lo primero que va a hacer es comprar un Marlboro; si le dices que se ponga dos polos y casaca, va a salir en polo sin mangas.
Es así y está mal, por eso siempre deben primar la educación y el diálogo.
Se podría decir que prohibiéndole fumar un cigarro o salir desabrigado se le está cortando la experiencia (y ese ya es otro tema), por eso, ya decía, la educación y el diálogo deben ser la base de este tipo de decisiones.


En el Perú, el aborto es ilegal (excepto -si no me equivoco- en el caso de que la vida de la madre y/o del feto estén en riesgo). Lamentablemente, esto ha dado pie a consultorios de dudosa ciencia, a las prácticas médicas sin cuidado: al aborto ilegal.
Yo no creo que el aborto sea la solución a todos los problemas; si mi pareja estuviera embarazada y no tuviésemos dinero para la manutención del niño o simplemente no quisiéramos tenerlo, le diría que lleve su embarazo y que luego podrías poner al bebé en adopción. ¿Por qué?, pues porque fue responsabilidad de ambos y las responsabilidades se asumen.
Pero el aborto es un tema del que hay que debatir porque hay vacíos que la ley no contempla.

Si mi voz tuviese eco en algún lado, diría que:
Se permitiría el aborto si la mujer acredita -mediante una denuncia y confirmación de un médico- que ha sido víctima de violación hasta en tres ocasiones (pienso que cuando las violaciones son reiteradas, quizás ya no son tales y haya un gusto por la violencia) y que quedó embarazada de su victimario o si los métodos de protección -usados por el hombre o la mujer- han fallado (no sé si eso pueda probarse, perdón).
No se permitiría si la mujer ha sido violada continuamente o si la pareja no tuvo la inteligencia de -sin querer tener hijos- protegerse con los métodos ya conocidos o si cuentan con el sustento económico suficiente para -por lo menos- sobrellevar la etapa de embarazo.


En fin, es lo que pienso. Me parece que esta pequeña y humilde opinión serviría para aliviar tantos embarazos no deseados que terminan con la mala infancia de un niño que tuvo la mala suerte de aparecer en la vida de dos personas que no estaban preparadas para recibirlo.
No quiero que este texto sea leído como una apología al aborto, pero, al igual que el cigarro o que el polo sin mangas (con la inmensa diferencia de que las responsabilidades son distintas, ojo), hay que educar y dialogar acerca de todos los temas, pequeños o grandes, ya que ninguno nos es ajeno.

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