02 diciembre 2013

Distinto mejor igual

Hoy me ponía a pensar en la familia, el hogar, la esposa, los hijos; todo lo que más o menos se aproxima a una vida madura, a lo que uno aspira cuando ama.
Y también pensaba en la adolescencia, los veinte años, las fiestas, el desvarío de vivir a mil sin pensar en más que en el día presente, en lo inmediato.

Y me quedó una pregunta rondando: ¿Cuál es el momento, si es que existe aquél, en que uno cambia y se convierte en otra persona para hacer, por ejemplo, una familia? Es curioso porque no es algo que uno quizás se proponga decididamente sino que pasa, pasa y nada más. ¿En qué momento olvida uno las motos de aquella juventud y se convierte en un tipo responsable, maduro y dueño de sus actos?
Pensaba en la gente que lleva una vida agitada, tremenda, llena de cosas, de amores, de locuras, y que, de pronto, de la noche a la mañana, o son padres o son responsables de sus hogares; ¿qué cambia? ¿qué misterio golpea fuerte el sistema y derroca dictadores llenos de adrenalina?
Y no es que aquel cambio represente tristeza ni menos aún la pérdida de parte de la vida, significa más bien evolución. Lo que, sospecho, sucede es que el cambio debe ser tan drástico y con una carga tan fuerte que sorprende, descuadra, y en ese instante, todo parece pasar en largos segundos y cada extrañeza representa un abismo casi, sin serlo, pero lo aparenta y confunde con mucha exactitud.

Bien. Yo soy un joven, tengo veinte años, estoy enamorado de mi novia, la adoro. Queda embarazada. De pronto, ya no soy un joven de veinte años, ahora soy un hombre de veinte años, tendré una familia, habré de trabajar quizás para tener un ingreso económico, me olvidaré de las fiestas, de tontear, de pasar el rato en la calle; la vida es otra, yo soy otro, distinto pero mejor, y a la vez igual, porque no vino algo extraño a apoderarse de mí, tal vez sólo se levantó y empezó a andar porque debía empezar alguna vez, vez quizás temprana para lo que yo suponía para mí, pero aquí me ven, de pie.

Hay algo que cambia.
Hay algo que pega.
Creo que es parte del amor. Bueno, qué no es parte del amor en la vida, todo o casi todo.
No sé, lo que sé es que en casa me espera mi señora, hoy cumplimos diez años de casados y aún no compro el vino.

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