Las manos se posan en el piano,
los dedos acarician el marfil,
el martillo golpea la cuerda,
el sonido resuena en su cuerpo.
Y en la intimidad de aquel sonido,
resolviendo frecuencias,
aparece el hombre.
Pero no es un extraño:
llega para entregar.
Cuando las notas se enlazan
y se hacen una sola voz
con la voz del hombre,
con la voz del piano.
Antes del concierto,
las luces y los flashes,
el blanco y negro de su cuerpo
es el preciso color
de aquella intimidad,
las manos en el piano.
* Poema publicado en el libro “Fogata eterna. Muestra de poesía dedicada a Charly García” por Hanan Harawi Editores y Amaru Cartonera (CC).
Lima, 2014.
25 agosto 2014
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