"Obra poética completa" es un libro editado el año '74 por Mosca azul que recopila los poemas de César Vallejo e incluye algunos apuntes biográficos por Georgette, su esposa. Ese libro fue un regalo de mi mamá a mi papá pero, desde que recuerdo, siempre lo tuve yo, con su tapa marrón, algunas hojas perdidas, su olor a años de vida. Para serles sincero, lo leí muy poco, no sé si por desinterés; las veces que recurría a él eran para revisar uno que otro poema ("Ágape", "Babel", "Los pasos lejanos") pero nunca me dediqué a leerlo completo... De esto habrán pasado 7 ú 8 años.
Hace más o menos un mes, me compré un libro que recopila también la obra poética de Vallejo -una edición moderna a cargo de Peisa- y me propuse leerlo y disfrutarlo, con el interés y el respeto que merece la obra de tan alto artista.
En mis primeras -y tal vez primarias- lecturas de Vallejo, me deslumbró su fuerza, su angustia, su desazón, su cuestionamiento tan bien presentados en los poemas. Esta vez volvió a deslumbrarme -¿cómo no?- pero además creo que pude entenderlo, no sé si del todo o si como él hubiera querido ser entendido pero sentí que lo comprendía, que estaba sentado a mi lado, confiándome sus secretos; quizás por tener ahora más edad o por la base de anteriores lecturas, no lo sé, pero creí entenderlo.
Me resultan trágicamente hermosos versos como "Hay golpes en la vida tan fuertes... Yo no sé! Golpes como el odio de Dios", "Yo nací un día que Dios estuvo enfermo" u "Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo ¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?; tan personales y a la vez tan de todos. Siento que escapan de mí, del cuarto en el que vivo, del vaso con agua, de este lapicero y de este cuaderno. Que son de la duda, del misterio, tal vez de la esperanza también. Que están más allá de la vida, más allá de la muerte, más allá de todo; que él está más allá de todo.
Porque, aunque no termino de comprender con exactitud qué, sé que algo quiere decirme cuando tilda la palabra 'no' o la palabra 'tanto', cuando invierte las letras y escribe '¡Odumodneurtse!', cuando sitúa una palabra bajo la otra al escribir 'tas con tas' o cuando sentencia que el hombre es realmente el Dios. Cuando escribe "La cena miserable", "Voy a hablar de la esperanza", "Piedra negra sobre una piedra blanca" o "Un hombre pasa con un pan al hombro..."...
César Vallejo es todos nosotros. Es nuestra angustia, nuestro dolor, nuestra piel, nuestro miedo, nuestro grito, nuestra mirada trágicamente hermosa; hoy tal como ayer.
No niego que me costó leer el libro -Vallejo es un autor que, al menos a mí, me cuesta un poco entender- pero lo disfruté mucho y disfruto mucho también recordándolo y escribiendo sobre él, un pequeño homenaje para tan grande artista.
02 mayo 2011
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