30 julio 2012

Yo soy el amor

Yo soy el amor, la independencia del amor, el andar del amor, las vicisitudes del amor, la gloria del amor.

Me gusta eso.
Me gusta estar en la calle y emocionarme por aquel gato que se asusta al verse reflejado por algún cristal, y no sabe qué hacer, y se mueve y su reflejo también y entonces arquea el cuerpo y se dispone a pelear; y descubro la real naturaleza, y la naturaleza de aquel gato. De las flores que son un color, de las abejas que las rondan, de los arbustos inclinados, del cielo indeciso y del mar que nos espera para acompañarnos.
Me gusta ser guerrero y tener el coraje para seguir luchando día a día contra todo lo que me es adverso, y que tal vez no me es adverso pero que el apuro de los días me hace verlo así. Y luchar contra las horas que se detienen y las horas que corren, contra la gente sin swing que marca el compás en este mundo, contra la pesadez de los cielos que se posan sobre nuestras cabezas.
Me gusta llegar a casa a dos minutos de que cierre el mercado y correr para poder comprar las lentejas y el jabón, y dormir a la medianoche y despertar al día siguiente a las cinco para seguir, para estar a las siete en un bus atiborrado del tamaño de la dignidad del país doblado esperando llegar al lugar donde soy un poco más feliz.
Me gusta, pese a todo, contradecir la rutina: sentarme en el bus y abrir el poemario que compré en la Feria y sorprenderme a mí mismo, tomarme casi toda la botella de vino el domingo familiar -con permiso y con queso-, ser feliz pese a las vidas que sorprenden por la espalda, sumergirme con los audífonos en todos los mundos.

Porque, para mí, todo eso es el amor. Toda esa magia de cosas que se presenta es el amor, todo el camino que voy recorriendo, el camino que quiero recorrer. Toda la experiencia, los buenos momentos, los malos momentos. Hacerse de espacios, entregarse a la incertidumbre, (in)tentar. Poder tomar una actitud frente a la vida, eso también es el amor.
Entonces soy el amor. Soy el amor porque tengo la oportunidad de levantarme y decidir escribir, querer hacernos el amor, soñarte, pensar en la felicidad. Porque el amor no es una ficción que adjudico a mis días, es una realidad que se modela sonriente aun en las penas, que lucha por ser.
El amor a las cosas diarias, a las intermitencias, a los corazones, a los lapiceros, a esa guitarra, a tus dedos, a mí.

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