28 octubre 2013

El policía

- Señor, usted recibió una coima. ¿No le da vergüenza?
- Sí.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué, señorita?
- Oiga, no me hable así, usted sabe muy bien que cometió un delito.
- ¿Y qué quiere que le diga?
- ¡Qué sinvergüenza! Usted como policía debe ser ejemplo para los demás.
- También soy padre.
- ¡Y eso no le da ningún derecho a violar la ley!
- Señorita, ¿usted tiene hijos?
- ¿A usted qué le importa?
- ¿Esposo? ¿Padres?
- Eso no le incumbe, señor.
- ¿Tiene?
- ¡Ya cállese!
- Bueno, yo sí. Mis hijos tienen que ir al colegio y mi señora tiene que comer y mis padres deben tratarse en el hospital. Yo gano una miseria, ¡una miseria! A mí no me amparan ni un título ni una familia ni nada. Estoy solo. No me pida decencia. No me pida pulcritud. Pediría una coima mil veces más, ¿me escuchó?, mil veces más. Para mí no hay algo más importante que mi familia, que la gente que vive conmigo, que depende de mí, de lo que pueda darles cuando llegué a la casa, que ni siquiera es mía. Y no me trate como a un ocioso o un mediocre que ni sabe lo que yo vivo. Mis hijos caminan una hora todas las mañanas muertos de frío para ir a un colegio y aprender y ser mejor que yo. Mi mujer tiene que hacer malabares para poder conseguir algo para cocinar y darle de comer a los niños, y créame que los hace. Mis papás están enfermos y casi ciegos y necesitan medicinas y hay que llevarlos al hospital a que se atiendan. ¿Usted se cree que con 700 soles yo voy a poder darle a mi familia calidad de vida? ¿Qué hago, dígame? Para usted es muy fácil hablar como habla, así bien sentada con sus papeles y sus cosas, ¿a mí quién me entiende?, ¿quién me ayuda?, ¿quién me apoya? Nadie, señorita, nadie. Estoy solo. Solo. Y me tengo que hacer cargo de mi familia, ellos dependen de mí, confían en mí. ¿Qué quiere que haga con 700 soles?, ¿magia? No pues, no, las cosas no son tan fáciles como decirlas y ya, ojalá fuera así. ¿Usted sabe toda la corruptela que hay en la Policía? Ni se imagina, hasta tenemos que pagar cupos a los comisarios para que nos dejen trabajar tranquilos, no se imagina usted la olla de grillos que es eso. ¿Usted se cree que a mí me encanta andar pidiendo plata en la calle? No, señorita, no. Qué más quisiera yo, poder tener un buen sueldo, un buen trabajo, un lugar donde vivir tranquilo, que mi familia esté bien, pero ésta es la vida de verdad, señorita, ésta es la vida de verdad, no puedo hacer nada por cambiarla, tengo que luchar y romperme el alma por darle de comer a mis hijos, no me pida que no lo haga, no me pida eso...

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