Yo soy de la idea de que, para poder opinar sobre algo, hay que verlo, vivirlo. No se debe juzgar o felicitar algo cuando se desconoce de eso, es tan fácil como injusto.
Hace más o menos un año y medio, un amigo de mi padre (bonachón, buena persona y seguramente bienintencionado) me invitó a una corrida de toros. Fui por dos razones: para que no me vuelva a invitar y por la arriba mencionada, para poder formarme una opinión.
No era una típica corrida de toros, era una fiesta tradicional, si mal no recuerdo, de Ayacucho. Cervezas uban y venían, la música típica del departamento (que a mí, particularmente, no me agrada pero la respeto) sonaba en todo el coliseo... y empezó la corrida.
Todo bien hasta el impacto que fue (es) clavarle la pica al toro y luego demás armas filudas hasta desangrarlo, dejarlo tirado en el piso, amarrarle una soga al cuello y darle tres vueltas por todo el coliseo para que nosotros, insanos y estúpidos espectadores, gocemos del triunfo del hombre ante la bestia (lo que no sabemos es que la bestia no está en todas sus condiciones... e incluso estando en óptimas y bestiales condiciones, es una brutalidad).
Este mal llamado arte, esta mal definida cultura no es más que trasladar los primeros años del hombre -cuando tenía que luchar ante lo que después sería su comida- al siglo XII.
Bueno, ya lo dije. Sí, un día fui a ver una corrida de toros. Y aunque no me gustó para nada, no me arrepiento de haber ido a verla porque no hubiera podido formarme una opinión seria y responsable.
Supongo que lo mismo ha de pasar con las peleas de gallos o de perros (estas últimas, clandestinas), pero no me aventuro a expresar una opinión.
Otra cosa que no soporto es el (mal)trato que se les da a los animales en los circos. Es indignante cómo, poco a poco, les quitan la vida a estos seres que, quizás, podrían ser vistos en un zoológico (ya que incluyen un proceso de aprendizaje).Simplemente no es justo. Los látigos, la mala comida, y la contaminación no existen en sus lugares de origen, tengan por seguro que no.
Tampoco veo bien que la gente ponga a sus perros en los techos de sus casas; perros a los cuales ven sólo para darles de comer, quizás.
Y el tráfico de animales es otra cosa increíble: la facilidad con la que estas personas (¿?) compran, venden, subastan, juegan a los animales es indignante y sorprendente...
No hablo mucho de estos tres últimos casos porque son de los que menos información tengo y no quiero hablar por lo que creo que es...
En fin, que esto sirva para pensar un poco que los animales (esos que vemos en el cable o que nos enternecen en las veterinarias) son seres iguales a nosotros, que sienten como nosostros... y sienten hambre, sed, dolor...
12 febrero 2010
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