04 enero 2010

Ya... (¿ya?)

Ya.
Ya terminé el colegio, ya terminé despertarme temprano, ya terminé el uniforme, ya terminé la rutina. Todo eso que se presenta(ba) de manera obligada y poco amigable terminó hace unas semanas, para bien o para mal. Buenos y malos recuerdos, buenos y malos amigos, buenos y malos ambientes...
Siempre he pensado que la etapa del colegio es un simulacro de lo que va a ser, después, la vida: el enamoramiento, las peleas, los amigos, las hipocresías; el aprendizaje y el asombro. Y hasta ahora pienso igual, pero son once años que parecen mil y uno quiere creer que lo aprendido y lo asombroso es algo ya sabido y desde hace mucho.


"Ya.
 Ya, tienes que seguir estudiando. Un chico brillante, guapo, inteligente como tú no debe desperdiciar su vida ni desaprovechar las oportunidades".
Mucha gente me dice que debo (o que ya debería) elegir una carrera, es decir, elegir en algunos contados días "lo que voy a querer" en todos los años que me restan. En verdad me parece un poco equivocada la idea, sólo un poco... y dos cosas pasan por mi cabeza: 1) algo de razón han de tener, la vida es una lucha constante y hay que tener ciertas armas (títulos, poder, dinero) más que otras (talento, sinceridad) para salir victoriosos (aunque es una lucha equivocada, es real), además, no son malos (no creo) al darme un consejo y no creo que quieran imponerme una decisión, 2) pero si aún no sé qué quiero para mí, para mi futuro (y presente también), no quisiera tomar una decisión de la cual me arrepienta a mitad de la vía. es más, tal vezno estudie alguna carrera, tal vez nada me llene ni me guste tanto como para dedicarle tiempo y dinero...

Y por ahora me inclino por el segundo punto: pensar bien las cosas, tomar una decisión lo más acertada posible, pensar (otra vez) en mí y sólo en mí cuando decida algo. Nada me apura, nada me fuerza y, sobre todo, nada (alguna decisión) me convierte en un genio o en un idealista o en un equivocado social.

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