En sólo diez días, Ollanta Humala brindará su primer mensaje a la nación como Presidente de la República y, nos guste o no, será durante cinco años quien nos represente y dirija los destinos de este hermoso país que, pase lo que pase, siempre se levantará.
Ollanta Humala tiene frente a sí el reto de aliviar esa desigualdad que el gobierno de Alan García ha saneado un poco -es cierto- pero de mala forma, con grandes obras decorando el entorno que, para ser totalmente exacto, no ayudan claramente a combatir dicha desigualdad; no estoy siendo injusto ni desconsiderado, es la verdad.
Durante este gobierno se construyeron viviendas, carreteras, hospitales, se generaron nuevos puestos de trabajo, se firmaron importantes tratados comerciales y se consolidó la economía... la macroeconomía en realidad ya que la economía del hogar -la del bolsillo- no ha mejorado mucho; aunque no se trata de que se salve el país ni de que en cinco años nos convirtamos en un país totalmente consolidado, esto no es una cacería.
Por otro lado, ciertas obras ejecutadas por este gobierno, aunque son buenas -creo que eso no se puede negar-, no enfrentan claramente el real problema. Hablo, por ejemplo, de la remodelación del Estadio Nacional (que seguramente quedará muy lindo y acogerá eficazmente a los deportistas pero no formará mejores), de la remodelación de los colegios nacionales (que hace que los alumnos estudien en óptimas condiciones pero no por eso mejores cursos ni tendrán mejores profesores), de la construcción y entrega -a medias- del Tren Eléctrico (que posibilitará un mejor transporte de la población pero que no aliviará en buena parte el caótico tránsito vehicular que agobia a la ciudad). Y así.
Como saldo negativo quedan los indignantes casos de corrupción (EsSalud, 'Petroaudios', Cofopri), la inaceptable quietud ante la desgracia ocasionada por el terremoto en Pisco en el año 2007, la evidente falta a la neutralidad en el proceso electoral de este año (y en el del año pasado también), el sospechoso indulto a José Enrique Crousillat, la inacción frente a los conflictos sociales presentados en el país, etc.
Como contraparte está el despegue del turismo y la precisa difusión de nuestra gastronomía -ambos apoyados por el gobierno, hay que decirlo-, los números en azul de la macroeconomía, la consolidación de la imagen del país en el extranjero -aunque también estaría bueno que se consolide en nosotros mismos, digo-, etc.
Cinco años más sí importan. Yo creo que este gobierno, aunque ha sabido mantener las cifras de la economía estables y mejorar -al menos en parte- la calidad de vida de la población, no ha podido encontrar la forma de ir aliviando de manera clara la desigualdad que marca al país.
Cinco años más sí importan y ojalá esto lo entienda el gobierno de Ollanta Humala.
18 julio 2011
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